miércoles, 17 de diciembre de 2014

Reflexión y Decrecentismo. Radiografía económica.


Hace unos meses aparecía en prensa la noticia de que Pablo Iglesias y Podemos habían decidido pedir una proposición económica seria como prototipo de programa económico a los prestigiosos economistas Juan Torres y Vicenç Navarro. Este documento expandía sus proposiciones directamente a los fines que deseaba conseguir, de forma que planteaba objetivos como acabar con la pobreza -especialmente con la infantil-, reforzar la igualdad de género y el acceso de las mujeres al mercado de trabajo, mejorar el sistema de pensiones, etc. Trataba a fondo algunos temas que ya se habían propuesto anteriormente desde Podemos, tales como la famosa Renta Básica, la modificación del Art. 135 de la Constitución para la auditoría ciudadana de la deuda y más. Muchos de estos temas han ido modificándose respecto al mensaje inicial que difundía “el Coletas” en La Sexta Noche hace no tanto tiempo y la propuesta se ha suavizado notablemente respecto a la voz rupturista que nacía del 15-M en 2011.




Yo quiero centrarme en el ámbito ecológico puesto que el uso y distribución de recursos, el procesamiento de residuos, la conservación medioambiental, entiendo que deben ser el sistema base en el que construir un programa económico. Torres y Navarro también se dan cuenta del problema que se nos echa encima, y así lo reflejan en el punto 4 –“Estrategia y Objetivos de Gobierno”- del RESUMEN de su “Proyecto Económico para la Gente”:

La naturaleza de los problemas que han provocado la crisis obliga a plantear tres condicionantes estratégicos: modificar la norma de reparto combatiendo la desigualdad, generar sostenibilidad social y ambiental avanzando hacia una economía verde y no dejarse llevar por un entorno poco favorable.”

Como se puede comprobar, esta idílica declaración de intenciones toca en su segundo punto la base medioambiental de la estructuración de la sociedad, lo que parece adelantar un programa que trate con firmeza la gravísima crisis ecológica que está sufriendo toda la humanidad en este momento, y que se complica dirigiéndose hacia un nefasto y cercano final. Sin embargo, cuando entramos en el punto 4 del tronco del documento propiamente dicho encontramos, así al final de este segmento tan denso del documento, una página y media referida al título “Sostenibilidad y Economía Verde” en la que hace un cortito pero razonable análisis del desmedido gasto de recursos en España, tema por el que pasa a hablar, para ocupar el resto de esta parte del texto, de otras problemáticas como creación de empleo (sin adjetivos) y desigualdades de género y maternidad. Aquí explica que la crisis de maternidad proviene de las desigualdades de género, una proposición que yo entiendo lógica pero que me sorprende cuando Vicenç Navarro lleva años publicando insidias contra el modelo económico decrecentista, sin luego responder realmente a las explicaciones que se le devolvían.

Este es un condicionante decisivo de la reactivación económica que no es solo insoslayable sino, además, urgente y que debe aplicarse, por tanto, incluso en el muy corto plazo. Lo que significa que una de las cuestiones más importantes que los españoles tienen que debatir y sumir con prontitud es la obligada renuncia inmediata a inversiones, infraestructuras o incluso a comodidades que no tienen en cuenta los costes ambientales que producen.


Vicenç Navarro
Podemos –PODEMOS- encontrar otra media docena de alusiones al consumismo, a la necesidad de un cambio en las políticas energéticas diseminadas por el documento, a los problemas de la globalización… sin concluir ninguna en medidas concretas. Y es que, tras leerlo, a mí me parece una propuesta reformista y blanda. Los 60 años de jubilación que prometía Pablo Iglesias ahora son 65 de nuevo y todas aquellas medidas que pudiesen levantar ampollas entre sus votantes más moderados no aparecen concretadas. Tras 4 o 5 años leyendo al Sr. Navarro criticando tanto a CiU como a PP y PSOE respecto a los temas referidos a la independencia de Cataluña esperaba más que una simple alusión a la problemática de los nacionalismos y su derecho a decidir:

Creemos que un gobierno progresista y dispuesto a regenerar la economía española debe afrontar también con decisión y sin falsos prejuicios las ineficiencias y el derroche que ha causado en los últimos años una lectura errónea de la autonomía política y de la descentralización. Además, hay que ser conscientes de que las medidas de reactivación desde el sector público que proponemos están muy condicionadas por el tipo de articulación que se dé entre los diferentes pueblos y naciones que hoy día forman parte del Estado español. Lograr un encaje adecuado de todos ellos con realismo, democracia y gran respeto hacia la diversidad es también fundamental para salir de la crisis en la que nos encontramos.

Stéphane Hessel
Actualmente nos encontramos en un paradigma de cambio y transición en todo el mundo. Las nuevas tecnologías de comunicación y globalización comenzaban hace un par de décadas a conformar una economía mundial controlada por unos pocos que se erigía como verdadero gobierno de todos debido a su potencial económico y controlador de las políticas de los países.
Desde la caída de la URSS, todos los factores que se iban juntando en la maquinaria de la destructiva economía capitalista –crisis del petróleo, revolución verde, etc.- empiezan a colapsarse en un sistema de globalización donde es el mercado el verdadero dueño del destino de las personas (Recomendable leer “El mercado y la Globalización” de José Luis Sampedro). Todo ello conduce al final a una grave recesión económica que se presenta como la más difícil de la historia. El libro de Stéphane Hessel, “¡Indignaos!” representa una idea de motivación de cambio desde la ciudadanía, que sigue exigiendo en “¡Comprometeos!”, y que causa movimientos ciudadanos en todo el mundo, como el 15-M español. Se crea un potencial ciudadano de cambio; diversas personalidades intelectuales intentan dirigir ese potencial (El Partido Pirata, el Partido X de Herve Falciani, la Renovación Democrática Ciudadana de Elpidio Silva, etc.) pero es Podemos, Pablo Iglesias y sus compañeros quienes consiguen convencer y aunar todo ese apoyo, para berrinche de castizos partidos de la izquierda histórica.


Tenemos, pues, una situación en España (y también en Grecia con SYRIZA o Coalición de la Izquierda Radical y Alexis Tsipras) en la que las encuestas empiezan a prever que estos nuevos partidos lleguen al Gobierno, un empoderamiento de la ciudadanía que se presenta, para mí, como la última esperanza de cambio de la dirección del mundo. Pero ya hemos repasado el documento económico de Podemos. Parece que sí hay un problema ecológico, pero les queda tan lejos comparado con el paro que lo han debido dejar en una declaración de intenciones…

15-mayistas indignados
Buscando por el mundillo de los artículos de internet uno se da cuenta de que no es que se les haya pasado introducir los párrafos relacionados con las políticas concretas destinadas a combatir la crisis ecológica, sino que ante las inquisiciones de defensores del decrecentismo como Florent Marcellesi (político, divulgador e investigador; asesor de Primavera Europea en el Parlamento Europeo) o incluso de los no defensores de esta corriente como Antonio Turiel (doctor titular del CSIC), Juan Torres y Vicenç Navarro han defendido contumazmente sus propuestas: es totalmente necesario el crecimiento de la economía para ellos. Y yo os planteo, ¿es necesario crecer económicamente para mejorar el funcionamiento de la sociedad?

El decrecentismo es una corriente de pensamiento, social y política, que se posiciona en contra de la necesidad de crecer y aumentar la productividad de la sociedad hasta límites indefinidos cuando nos encontramos en un planeta de recursos limitados y la biosfera no tiene capacidad infinita de absorber los residuos que generásemos. Esto no implica una pérdida de recursos humanos (refiriéndome al arte o el conocimiento, por ejemplo), sino incluso a su desarrollo si eliminamos factores neoliberales como la publicidad y la alienación de la población.


Nicholas Georgescu-Roegen
Aparecen en los años corrientes 80 que, por primera vez, ponen en duda el axioma neoliberal sobre el crecimiento como herramienta y factor intrínseco al desarrollo de la sociedad. Nicholas Georgescu-Roegen ya expresó en 1971, por pura aplicación científica, que los recursos serían un factor limitante a la economía. Si la mayoría de materiales que usamos no son reciclados, y muchos no pueden serlo en el sistema económico actual, llegará un momento en que, por puro menester de la segunda ley de la termodinámica, la entropía producirá escasez de recursos y formas de energía. Esto no es tan fácilmente aplicable a la economía, claro está, pero todos nos damos cuenta de que es obvio que si usamos un móvil diferente cada año, cada año se sumarán todos esos móviles a un vertedero, y toda la energía usada para construirlos se habrá diseminado.

Un año más tarde aparece innovadores conclusiones similares en el informe “Los límites de crecimiento” realizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts. ¡Vaya por Dios! Al año siguiente comienza la crisis del petróleo… Este informe, por cierto, ha sido actualizado posteriormente varias veces. Como ese podríamos elegir más ejemplos (Paradoja de Jeavons, Alegoría del burro y la zanahoria, etc.). Pero mientras tanto se iniciaba en otras partes del mundo una corriente ecologista, alejada de los estándares hippies por cierto, donde encontramos a personas con un mensaje muy innovador e interesante como Barry Commoner, político estadounidense con el que, por alguna extraña razón, el Sr. Navarro se llena la boca en sus artículos de crítica al decrecentismo. Pero ya os he aburrido suficiente con la clase de historia y lo dejaré en los años 70 pues explicar su desarrollo y expansión puede ser un tema arduo y demasiado extenso.

La corriente decrecentista se llama así debido a que conduce el cambio a un sistema donde el PIB de un país no sea la forma de evaluar su desarrollo. ¿Por qué crecer por crecer? Tampoco se trata de una pérdida del desarrollo. Hay quien diría que propongo volver a las cavernas cuando lo que se trata es justo lo contrario, en formar unas comunidades que administren los recursos de forma eficiente. No se necesitan 4 ordenadores para educar a un niño ni aumentar el PIB para mejorar la sanidad. En palabras de Serge Latouche, principal impulsor del decrecimiento francés: “la consigna del decrecimiento tiene como meta, sobre todo, insistir fuertemente en abandonar el objetivo del crecimiento por el crecimiento, [...] En todo rigor, convendría más hablar de "acrecimiento", tal como hablamos de "ateísmo".

Explicándolo más técnicamente: un subsistema no puede regular un sistema superior que le englobe. La economía es un factor que estructura la sociedad, y por tanto, depende de él –se encuentra “por debajo”-. La sociedad es, en última instancia, fruto de la biosfera y, por tanto, no es la naturaleza quien debe depender de la economía, sino al revés. Y esto no es una proposición. Es un axioma: llegará un momento en que no podremos crecer, porque nada es infinito (y menos los recursos).

El dinero no es sino la representación de los recursos de la Tierra y estos son finitos. Animales somos, a pesar de que modifiquemos nuestro ambiente. Yo pienso que esta crisis por la que pasamos ahora nunca va a desaparecer. El dinero que te falta ahora lo tiene otro; solo hace falta mirar la lista Forbes y observar cómo durante la crisis los ricos han aumentado sus ganancias más rápido que nunca, y cómo las multinacionales incrementan sus beneficios. Algunas han colapsado, sí. La inflación juega malas pasadas. Con la globalización nos dirigimos al monopolio más agresivo.


En la percepción común, en nuestra sociedad, el crecimiento económico es, digámoslo así, una bendición. Lo que se nos viene a decir es que allí dónde hay crecimiento económico, hay cohesión social, servicios públicos razonablemente solventes, el desempleo no gana terreno, y la desigualdad tampoco es grande. Creo que estamos en la obligación de discutir hipercríticamente todas éstas. ¿Por qué? En primer lugar, el crecimiento económico no genera - o no genera necesariamente - cohesión social. Al fin y al cabo, éste es uno de los argumentos centrales esgrimidos por los críticos de la globalización capitalista. ¿Alguien piensa que en China hay hoy más cohesión social que hace 15 años? [...] El crecimiento económico genera, en segundo lugar, agresiones medioambientales que en muchos casos son, literalmente, irreversibles. El crecimiento económico, en tercer término, provoca el agotamiento de los recursos que no van a estar a disposición de las generaciones venideras. En cuarto y último lugar, el crecimiento económico facilita el asentamiento de lo que más de uno ha llamado el "modo de vida esclavo", que nos hace pensar que seremos más felices cuantas más horas  trabajemos, más dinero ganemos, y sobre todo, más bienes acertemos a consumir. 


Carlos Taibo
Por detrás de todas estas aberraciones, creo que hay tres reglas de juego que lo impregnan casi todo en nuestras sociedades. La primera es la primacía de la publicidad, que nos obliga a comprar aquello que no necesitamos, y a menudo incluso aquello que objetivamente nos repugna. El segundo es el crédito, que nos permite obtener recursos para aquello que no necesitamos. Y el tercero y último, la caducidad de los productos, que están programados para que, al cabo de un periodo de tiempo extremadamente breve, dejen de servir, con lo cual nos veamos en la obligación de comprar otros nuevos.”

Extracto de la conferencia de Carlos Taibo sobre Decrecimiento, dentro de las jornadas «¿Cómo te defiendes tú de la crisis?» de CNT-Córdoba, 25 de noviembre de 2008.


Río Congo (¿Cuántas Tierras desea usted?)
El otro día discutía sobre si era necesario crecer, pero de otra forma, y así mejorar la calidad de vida de la gente, y el debate se acabó viciando hacia los axiomas marxistas. Entonces me puse a pensar que el comunismo y el socialismo son corrientes geniales en tanto que abogan por un cambio de manos de las fuentes de producción, de forma que la riqueza acabe estando más repartida. Y, afortunadamente, han evolucionado incorporando elementos de igualdad social y feminismo. También de ecologismo. Pero, como ejemplifica el documento de Vicenç Navarro y Juan Torres, un reparto de los recursos no implica una reducción real y correcta de los mismos. ¿Si llegamos a ser todos iguales, los 7000 millones de personas que hay en el mundo tendrán 30 camisetas, ordenador propio, 3 consolas y un gasto de 150 L de agua potable al día? ¿Cuántas Tierras necesitamos?


Es lógico que los países tercermundistas necesitan desarrollarse. Y lo harán si se realizan los cambios adecuados. Es de los países más infradesarrollados de donde salen los recursos materiales para gran parte de los bienes de “lujo primermundista”. Tienen una productividad que simplemente se ve mal repartida. Imaginaos si las toneladas de diamantes que se han sacado y se siguen sacando de África hubiesen repartido su beneficio de explotación con las proporciones en un negocio de silvicultura del primer mundo. Pero no sería tan lucrativo para EEUU, claro está… Es incoherente que estos países se vean abocados a la pérdida de riqueza, puesto que la riqueza proviene de la naturaleza como ya hemos explicado; y solo el expolio de sus recursos es lo que está fomentando, por un lado las deplorables condiciones de vida del ciudadano medio y por otro la pérdida de esos recursos que pasan a las manos de europeos, estadounidenses, etc.
EEUU aúpa a Israel a aprovecharse 
de los recursos de Tanzania…


Unamos ahora con lógica este complicado paradigma con las propuestas antes analizadas. La responsabilidad que existe en nuestra generación con la humanidad, con la justicia y con nuestros hijos no es solo la responsabilidad de “el coletas”. Me entristece pensar que todo ese potencial de la gente que empieza a levantarse sea dirigido por otros nuevos nombres, y aunque ha sido el trabajo de Juan Torres y Vicenç Navarro lo que me ha incitado a escribir este texto, no solo me refiero a Podemos. Somos todos nosotros los que tenemos que levantar la voz para pedir un mundo con futuro mejor.
La política que los partidos de izquierda están proponiendo en este tiempo de cambio tan importante no aborda la raíz del problema. Si Podemos concreta un programa reformista, y no radical, sobre el sistema económico, aplicando un modelo keynesiano, simple fruto de la experiencia estadounidense de hace 80 años, no eliminará totalmente el problema de la crisis ecológica. Y este es un problema del planeta, es decir, que todos lo tenemos en “casa”.

Es difícil transmitir la idea que explico, y lo digo por experiencia. Es difícil contaros que estáis en el paro, que el dinero solo representa el tiempo que habéis trabajado para enriquecer más aún a los de siempre, y que, cuando queráis ir a denunciarlo, tendréis que pagar abusivas tasas judiciales. Es todavía más difícil que os deis cuenta de que, aún así, somos parte del 10% más rico de la Tierra, y que participamos en la destrucción de ella. Es utópico que os hagáis a la idea de que, con todo ese sufrimiento ante vuestros ojos, la mayor crisis es la del medioambiente. Mamá, tienes que dejar de comprar en Zara. Papá, nosotros no tendremos espacio en una nave que vaya a Marte. Abuelo, con 10 camisas tienes suficiente, no necesitas más, ¿sabes de dónde provienen? Amigo, tu móvil está fabricado con el coltán por el que los niños mueren sacándolo en el Congo. Amiga, ¿por qué no quieres que te explique cómo funcionaría una comunidad autosuficiente, sostenible y respetuosa con el medio?...

¿PODEMOS seguir talando indiscriminadamente en otro planeta?



domingo, 26 de octubre de 2014

Valores que nos hacen humanos…y les dan miedo


Los valores como guías que hacen que nuestros actos tengan significado, que los dotan de sentido y de dirección son continuamente mentados por todo tipo de personas en todo tipo de situaciones como un recurso bastante útil que hace cargarse a uno de argumentos en múltiples sentidos y para sostener múltiples y a veces hasta dispares argumentaciones. 

A veces se aduce a la falta de los mismos, o a su pérdida, otras veces se recuerdan ciertos valores para justificar acciones, pero pocas veces se hace un análisis crítico de qué son los valores, cuáles debieran ser los valores fundamentales en nuestra sociedad, y qué papel deben jugar éstos en nuestras actividades diarias, abarcando campos tan dispares pero a la vez tan relacionados como pueden ser la economía, la psicología y la política.

Sobre estos tres campos se me revela una reflexión surgida de la lectura de diversos textos, artículos sobre individualismo, economía de mercado, políticas neoliberales, psicología positiva (y los omnipresentes manuales de autoayuda y el coaching), y también sobre modelos alternativos de plantearse la economía (Economía del Bien Común, Economía Solidaria, modelos neomarxistas etc.), la política y la psicología. Un elemento central, que no el único y puede que ni siquiera el principal, de esta confrontación entre formas distintas y antagónicas de plantearse la vida en sociedad, el yo, la personalidad humana, las políticas públicas etc. Son los valores que las ponen en juego, que las sustentan. 

A nadie se le escapa que la economía capitalista de mercado está sustentada por una serie de premisas que priman, por encima de todo la máxima ganancia personal (o corporativa), muchas veces por encima de cualquier consideración ética, ecológica y humana. Esta máxima, la cual podemos ver como la mayoría de las personas de nuestra sociedad justifica como “natural” (cuando lo natural es exigir que el fin último de las entidades sociales sea el bien de toda la sociedad, que es la que les permite desarrollarse y existir), no lo es tanto si profundizamos un poco en los valores que lleva asociados. La economía de mercado se mueve por motores de dudosa utilidad en nuestras relaciones personales: insolidaridad, desprecio, falta de empatía, competencia extrema…Si preguntáramos a cualquier persona si éstos valores le representan, la mayoría diría que no, entonces, ¿por qué permitimos que la economía, verdadero eje vertebral de nuestras sociedades se rijan por valores que las personas ni queremos ni utilizamos en nuestras relaciones óptimas y satisfactorias? Incluso en las relaciones comerciales, la cooperación se ha mostrado mucho más eficiente que la competencia, pues el establecimiento de metas comunes y el trabajo conjunto para conseguirlo es mucho más motivante que el miedo constante a no estar a la altura de ser más que el “contrario” para superarle.

Tres cuartos de lo mismo pasa en los campos de la política y la psicología. El neoliberalismo, ideario político de aquellos que más se benefician con el funcionamiento antes descrito de la economía, nos brinda políticas públicas de desmantelamiento de todo lo común, lo público, pues no consideran que algo que afecta a la toda la población deba ser administrado bajo criterios no empresariales y creen que cualquier herramienta del estado dirigida a corregir las desigualdades existentes en nuestras sociedades son un mal gasto del dinero público. Estamos pues, ante la evidencia de la misma contradicción: insolidaridad, egoísmo, falta de empatía, desprecio al débil…

En los últimos años venimos asistiendo a una ola gigante que arrasa con lo mejor de la psicología científica, clínica, básica, académica, y esta ola tiene en su cresta una enorme sonrisa, tan grande que allá por donde pasa nubla la realidad de todos aquellos que quedan absortos por tan grande resplandor. La psicología positiva, la cual bebe en sus raíces del individualismo norteamericano y la ideología del self-made-man (hombre hecho a sí mismo), y sus correlatos literarios de la autoayuda y comerciales del coaching, dibuja una concepción del ser humano como autocausado, autodeterminado, sólo en el mundo, autodirigido y el cual debe, como fin último, conocerse al máximo para autorrealizarse y así llegar cuanto antes y para siempre a la felicidad, la propia. Es decir, una persona que sólo debe preocuparse por ser feliz, cueste lo que cueste, pues ese es el fin último de la existencia humana (otro de los mantras que muchas personas en nuestra sociedad consideran como natural), sin tener en consideración a los demás sólo como herramienta que ayuden en un determinado momento a conseguir ese fin (incluso con obras de caridad incluso intervención social). De nuevo, tenemos una disciplina fundamental en nuestras sociedades que nos marca cómo somos, por qué hacemos lo que hacemos y cómo debiéramos ser para funcionar adaptativamente en sociedad, diciéndonos que los valores sobre los que se sustenta la esencia humana son el egoísmo, la falta de empatía, la competencia, la insolidaridad, el beneficio propio antes que nada etc. 
A parte de los valores, hay otra característica muy relacionada que se deja entrever y que puede llegar a estructurar diferencialmente el binomio antes señalado en forma de valores. Podríamos, de una forma simplona pero no muy desacertada, dividir esos dos campos opuestos que tímidamente se han dibujado y descrito y que son sustentados por valores opuestos, siendo separados por una línea de cal blanca donde a un lado es presidido por la competencia y otro por la cooperación, como dos ejes vertebradores de todo lo anteriormente expuesto 

Ante esta situación, cabe preguntarse por qué, si la abrumadora mayoría de las personas de nuestras sociedades si la dan a elegir escogería como propios valores como la sinceridad, el aprecio, el respeto, la empatía, la ayuda mutua etc., en campos tan importantes como los descritos, hay serios y fuertes intereses en funcionar bajo los valores opuestos.

La respuesta, a estas alturas del partido, creo que está bastante clara, pues al Poder (sobre todo económico que se sirve del político y de ciertos campos académicos como la psicología mencionada pero también de la psiquiatría, la farmacia, la sociología, la ley etc.) le viene muy bien que estemos aislados, que compitamos ferozmente, que creamos que en este mundo sólo importa lo que nos pase a nosotros porque nuestro objetivo vital es únicamente ser felices y sacarnos las castañas del fuego nosotros mismos, pues en la medida en que estemos entretenidos en esa tarea, si no aprendemos a cooperar, ser solidarios, empáticos, si no sabemos escuchar y relacionarnos bajo valores que fomenten el aprecio entre seres iguales, nunca podremos articular un relato común de nuestras situaciones, y mucho menos poner en tela de juicio las relaciones de poder que nos oprimen y hacen que nuestra existencia (o la de nuestros semejantes bajo situaciones de injusticia social) no sea la deseada, y nunca podremos, y esto es lo que más miedo les da, cambiar esas situaciones mediante la acción común, mediante la fuerza de la unidad.

domingo, 12 de octubre de 2014

¿”Hay que aislar al ébola, no a los países”?

 “Isolate Ébola, not countries” es la frase que ayer, en la conferencia de prensa que daba cierre a la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional en Washington, lucía Christine Lagarde en su solapa. Después de una semana leyendo en redes sociales las múltiples opiniones al respecto de lo que ya algunos llaman la “crisis del ébola”, casi una por cada persona con acceso a la web, y cansada del maquillado o a veces explícito argumento de que los casos de ébola africanos deben quedarse en África, leer que la directora del FMI sostiene una postura similar a la mía me alivió considerablemente; sentimiento que se reforzó al leer la siguiente frase de su intervención: “Si se necesitan más recursos para frenar el brote en África Occidental, estaremos ahí". Casi caigo en la trampa de la complacencia.


  Los altos niveles de adrenalina y cabreo acumulados con cada conversación que he mantenido al respecto del polémico traslado de voluntarios infectados a España me hizo defender, uno de los días en los que perdí la inhibición prefrontal en el debate, una enésima secuela de Saw, versión reality, en España… pero Lagarde no está indignada porque un grupo de listillos cuya militancia social se limita a desarrollar agujetas escribiendo en facebook quiera eliminar la única posibilidad existente hoy en día de que no se reduzcan aún más las plantillas de profesionales adecuadamente formados que pueden mantener a raya la enfermedad en Liberia, Sierra Leona y Conakry condenándolos a ellos, y a los receptores de sus futuros cuidados en el caso de que su recuperación hubiera salido bien, a una muerte segura mientras más profesionales locales se infectan por la alta presión del cuidado (y esto es, tener que cuidar a muchos, con cuidados complejos y con sólo dos manos) y figuran como bajas del equipo asistencial por no poder ser evacuados; es decir, por no ser ciudadanos españoles, ni norteamericanos, ni franceses… y mientras países con adecuados medios sanitarios esperan a que les toque de cerca para enviar dichos medios que, no sé si por casualidad o por cuestiones de guerra preventiva que no hace más que perpetuar la idea de que el ser humano es una alimaña, son propiedad del ejército. No, Lagarde no siente rabia; Lagarde sólo dice lo que sabe que algunos queremos oír haciendo alarde de sus buenas dotes de comunicación política y de su conocimiento de que, hace tan sólo unos meses, la ha cagado bien cagada de cara a la opinión pública.

Resulta que la realidad en África del oeste, ese lugar del mundo rejodido, como diría Galeano, desde que en las décadas 50 a 70 los territorios que hoy la conforman lograran su independencia con la promesa enunciada por Francia de constituir en ellos dos grandes estados, un estado Tuareg y el gran Estado de África del Oeste, como respuesta a los reclamos de sus gentes: la reunificación étnica de parte del áfrica negra tras la separación acaecida por la división fronteriza en la época colonial, a modo de muro de Berlín invisible, y la independencia de un pueblo con un sistema organizativo político y social, ético y religioso diferente al del resto, la comunidad Tuareg… la realidad de esta región… es que la infraestructura sanitaria, y no solo esta, no es suficiente para sustentar la carga asistencial derivada de una enfermedad como el ébola, pero tampoco la de la malaria, malnutrición crónica, o diarrea aguda… contribuyentes todas ellas a la alta tasa de mortalidad, fundamentalmente infantil, de estos países y, por tanto, la presencia de agentes externos se hace indispensable.

La realidad es también que el único agente externo con capacidad para organizar hospitales de campaña por conocimientos y medios es Médicos Sin Fronteras, ONG paradójicamente francesa, cuya labor está siendo irremplazable pero que, recordemos, ni en esta ocasión ni en sus demás proyectos, al igual que gran parte de las iniciativas de cooperación al desarrollo de otras organizaciones distribuidas por el planeta, favorecen los cambios estructurales necesarios para que esa dotación sanitaria, necesidad básica y derecho de los pueblos, sea costeada por quién debe hacerlo: los propios gobiernos de los países en desarrollo o como también los definía Galeano y volviendo a citarle, de los “países arrollados por el desarrollo ajeno”. Y es que un profesional de la cooperación al desarrollo correctamente formado debe entender y respaldar que, si su trabajo está bien hecho y da resultados, el destino del mismo es desaparecer y no ser necesario. Toda medida que no se encamine a este objetivo supone crear dependencias, tan injustas e indignas como el propio empobrecimiento.

Entonces… ¿dónde está la incidencia sociopolítica, el poner contra las cuerdas al gobernante de turno, cada vez que se construye un hospital con fondos extranjeros? Hay que salvar vidas, sí, y además empoderarlas, hacerlas dueñas de esa vida que salvamos y eso… eso supone cambiar la política allí, en África, haciendo a los gobiernos responsables de la vida de su gente sin que incluyan, como ya he visto, las partidas económicas de cooperación al desarrollo provenientes de gobiernos extranjeros como uno de los ingresos estables en sus presupuestos anuales del estado; pero también aquí, incidiendo sobre nuestros gobiernos, para que ese envío de dinero en el marco de la cooperación al desarrollo coopere al desarrollo del país receptor y no al propio, al ir acompañados de concesiones territoriales a empresas nacionales o privilegios arancelarios para la importación de materia prima africana y exportación de residuos europeos.

Aquí es donde está la trampa de Lagarde, cabeza de lista y ojalá lo fuera (porque de eso se derivaría el hecho de su elección más o menos democrática que es hoy en día una utopía) de una de las estructuras económicas que sustenta la realidad de la desigualdad mundial. Por eso no puedo evitar una sonrisa socarrona de medio lado cuando leo que desde ella se nos invita a no aislar a los países afectados cuando, de hecho, llevan aislados del ritmo frenético de crecimiento de otros durante décadas y son las políticas económicas que parten de organismos como el que preside las principales responsables de ello. 



Lagarde se ha comprometido a costear los gastos necesarios, iniciativa a la que también se ha sumado Mario Draghi desde el Banco Mundial, pero… ¿Qué implica enviar dinero en concepto de apoyo sanitario a África para el FMI? ¿Hasta qué punto nos estamos salvando a nosotros mismos, a nuestra propia gallina de los huevos de oro, y no llevando a cabo un acto de justicia social? Y lo más importante… si esta iniciativa auxiliadora lleva detrás un análisis de necesidades y una intención sanadora que parte de la sensibilidad hacia la vida humana, ¿porqué no se habla de la República Democrática del Congo delante de los micrófonos, donde la epidemia sigue extendiéndose? Es que la R.D.C ya está muy vista… primero el Ébola, donde este virus ya sembró el pánico en 1976 (aunque previamente lo había sembrado en Europa un virus similar, el marburgo, pero los trapos sucios mejor lavarlos en casa…); luego las matanzas entre hutus y tutsis que atravesaron las fronteras del norte del país usadas como vía de escape por los tutsis para salvar la vida en el genocidio de Ruanda; más tarde la guerra del coltan, donde los niños no mueren por su mala suerte al haberse infectado de un virus sino porque los que mantienen abiertas las minas, empresas tecnológicas no precisamente africanas que necesitan dicho material para fabricar baterías ligeras, han decidido su suerte… ¿y ahora otra vez el Ébola? Esto es afán de protagonismo. No, no hay gratuidad, vivimos en un mundo interesado en el que hasta del Ébola se sacará beneficio; eso sí, para los de siempre. Ya expresó Jean-Marie Le Pen que “el Ébola puede solucionar el problema de la inmigración en tres meses”; de hecho, lo ha solucionado. Por primera vez un virus se ha convertido en experto en comunicación política y manipulación de la opinión pública.


jueves, 25 de septiembre de 2014

Sobre yates y gente con hambre




Motivos para indignarse y luchar por un mundo más justo

En un despacho un hombre trajeado está firmando los últimos papeles para formalizar la compra de un yate. Sus hijos asisten a elitistas, exclusivos y carísimos colegios privados dónde se codean con compañeros de clase que aspiran a comprarse un yate algún día, y jamás encontrarán en su entorno cercano a alguien que pase necesidad.

Dos calles, dos barrios o 20.000 kilómetros más allá, en el mismo instante en que se firma el contrato, 2 niñas mueren de diarrea y 3 niños de hambre. Hubieran bastado unos pocos litros de agua potable para salvar a las niñas y quizás un poco de arroz y unos pedacitos de carne para los niños. En una macabra ironía de la fisiología el vientre de los hambrientos permanece hinchado durante sus últimos días de vida a causa de la deficiente cantidad de proteína en sangre.

Es 2014, la era de la información. Existen internet, los aviones, la resonancia magnética, se ha enviado gente al espacio, podemos curar algunos cánceres, clonamos ovejas, fabricamos ratas fluorescentes... pero la gente sigue muriéndose de hambre y diarrea.

Los trepidantes avances científico-técnicos han llegado también a campos como la agricultura, la ganadería y la pesca. Hoy es innegable que existe la capacidad técnica para que nadie pase hambre, sin embargo esta no parece ser una de nuestras prioridades como especie, y es un crimen.

¡Que macabro que haya gente que se atreva a decir en voz alta IGUADAD DE OPORTUNIDADES!

¡Que vacías de verdad están las gargantas de los profetas del liberalismo económico!

Parece imposible desde una perspectiva humana que alguien haya sido capaz de convencer a ese hombre de que tiene derecho a gastarse 20 millones de euros en algo innecesario mientras hay gente muriendo de hambre en el mundo. Parece ilógico también que la sociedad le permita a este individuo realizar tan absurda compra. 

Y, ¿cómo ha conseguido nuestro bien vestido “amigo” ser en cada hora de trabajo 1000 veces más productivo que cualquiera de sus mileuristas empleadas y empleados medios? ¿Del sudor y la sangre de quién ha salido la riqueza para pagar ese yate?

¿Tendrá estas niñas y niños absurdamente muertos algo que ver con la imposibilidad de expandir el consumismo del sistema al conjunto de la población mundial por la limitación de los recursos? ¿No hace esta concepción necesaria una enmienda al propio sistema?

¿Qué grado de enajenación impide a las élites económicas tomar conciencia de ser humanos o incluso de habitantes del planeta, cuando llevan el “desarrollo” industrial y técnico fuera de los márgenes de lo ambientalmente saludable? ¿Qué clase de enajenación nos impide a la gente común instaurar un sistema que no permita este tipo de aberraciones?

El caso del yate es muy evidente, pero ¿y todo el resto de los que no tenemos derecho a la desesperanza? ¿somos víctimas o verdugos? Creo muy necesario redefinir tanto a nivel personal como colectivo nuestras prioridades.

Decía Ska-p: …”Cómo cambiaría completamente la situación si fuese a tu hijo a quien dedicase esta canción“…y es muy gráfico. En la era de la información donde para ver a un niño hambriento bastan 2 clics de ratón creo que ha llegado la hora de que empecemos a sentir como nuestro el dolor de tod@s l@s niñ@s y seres humanos, para ver si de una vez, entre tod@s, somos capaces de cambiar la macabra melodía de fondo que suena en el mundo.