Hace unos meses aparecía en prensa la noticia de que Pablo Iglesias y Podemos habían decidido pedir una proposición económica seria como prototipo de programa económico a los prestigiosos economistas Juan Torres y Vicenç Navarro. Este documento expandía sus proposiciones directamente a los fines que deseaba conseguir, de forma que planteaba objetivos como acabar con la pobreza -especialmente con la infantil-, reforzar la igualdad de género y el acceso de las mujeres al mercado de trabajo, mejorar el sistema de pensiones, etc. Trataba a fondo algunos temas que ya se habían propuesto anteriormente desde Podemos, tales como la famosa Renta Básica, la modificación del Art. 135 de la Constitución para la auditoría ciudadana de la deuda y más. Muchos de estos temas han ido modificándose respecto al mensaje inicial que difundía “el Coletas” en La Sexta Noche hace no tanto tiempo y la propuesta se ha suavizado notablemente respecto a la voz rupturista que nacía del 15-M en 2011.
Yo quiero centrarme en el ámbito ecológico puesto que el uso y distribución de recursos, el procesamiento de residuos, la conservación medioambiental, entiendo que deben ser el sistema base en el que construir un programa económico. Torres y Navarro también se dan cuenta del problema que se nos echa encima, y así lo reflejan en el punto 4 –“Estrategia y Objetivos de Gobierno”- del RESUMEN de su “Proyecto Económico para la Gente”:
“La naturaleza de los problemas que han provocado la crisis obliga a plantear tres condicionantes estratégicos: modificar la norma de reparto combatiendo la desigualdad, generar sostenibilidad social y ambiental avanzando hacia una economía verde y no dejarse llevar por un entorno poco favorable.”
Como se puede comprobar, esta idílica declaración de intenciones toca en su segundo punto la base medioambiental de la estructuración de la sociedad, lo que parece adelantar un programa que trate con firmeza la gravísima crisis ecológica que está sufriendo toda la humanidad en este momento, y que se complica dirigiéndose hacia un nefasto y cercano final. Sin embargo, cuando entramos en el punto 4 del tronco del documento propiamente dicho encontramos, así al final de este segmento tan denso del documento, una página y media referida al título “Sostenibilidad y Economía Verde” en la que hace un cortito pero razonable análisis del desmedido gasto de recursos en España, tema por el que pasa a hablar, para ocupar el resto de esta parte del texto, de otras problemáticas como creación de empleo (sin adjetivos) y desigualdades de género y maternidad. Aquí explica que la crisis de maternidad proviene de las desigualdades de género, una proposición que yo entiendo lógica pero que me sorprende cuando Vicenç Navarro lleva años publicando insidias contra el modelo económico decrecentista, sin luego responder realmente a las explicaciones que se le devolvían.
“Este es un condicionante decisivo de la reactivación económica que no es solo insoslayable sino, además, urgente y que debe aplicarse, por tanto, incluso en el muy corto plazo. Lo que significa que una de las cuestiones más importantes que los españoles tienen que debatir y sumir con prontitud es la obligada renuncia inmediata a inversiones, infraestructuras o incluso a comodidades que no tienen en cuenta los costes ambientales que producen.”
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| Vicenç Navarro |
“Creemos que un gobierno progresista y dispuesto a regenerar la economía española debe afrontar también con decisión y sin falsos prejuicios las ineficiencias y el derroche que ha causado en los últimos años una lectura errónea de la autonomía política y de la descentralización. Además, hay que ser conscientes de que las medidas de reactivación desde el sector público que proponemos están muy condicionadas por el tipo de articulación que se dé entre los diferentes pueblos y naciones que hoy día forman parte del Estado español. Lograr un encaje adecuado de todos ellos con realismo, democracia y gran respeto hacia la diversidad es también fundamental para salir de la crisis en la que nos encontramos.”
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Stéphane Hessel
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Desde la caída de la URSS, todos los factores que se iban juntando en la maquinaria de la destructiva economía capitalista –crisis del petróleo, revolución verde, etc.- empiezan a colapsarse en un sistema de globalización donde es el mercado el verdadero dueño del destino de las personas (Recomendable leer “El mercado y la Globalización” de José Luis Sampedro). Todo ello conduce al final a una grave recesión económica que se presenta como la más difícil de la historia. El libro de Stéphane Hessel, “¡Indignaos!” representa una idea de motivación de cambio desde la ciudadanía, que sigue exigiendo en “¡Comprometeos!”, y que causa movimientos ciudadanos en todo el mundo, como el 15-M español. Se crea un potencial ciudadano de cambio; diversas personalidades intelectuales intentan dirigir ese potencial (El Partido Pirata, el Partido X de Herve Falciani, la Renovación Democrática Ciudadana de Elpidio Silva, etc.) pero es Podemos, Pablo Iglesias y sus compañeros quienes consiguen convencer y aunar todo ese apoyo, para berrinche de castizos partidos de la izquierda histórica.
Tenemos, pues, una situación en España (y también en Grecia con SYRIZA o Coalición de la Izquierda Radical y Alexis Tsipras) en la que las encuestas empiezan a prever que estos nuevos partidos lleguen al Gobierno, un empoderamiento de la ciudadanía que se presenta, para mí, como la última esperanza de cambio de la dirección del mundo. Pero ya hemos repasado el documento económico de Podemos. Parece que sí hay un problema ecológico, pero les queda tan lejos comparado con el paro que lo han debido dejar en una declaración de intenciones…
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| 15-mayistas indignados |
El decrecentismo es una corriente de pensamiento, social y política, que se posiciona en contra de la necesidad de crecer y aumentar la productividad de la sociedad hasta límites indefinidos cuando nos encontramos en un planeta de recursos limitados y la biosfera no tiene capacidad infinita de absorber los residuos que generásemos. Esto no implica una pérdida de recursos humanos (refiriéndome al arte o el conocimiento, por ejemplo), sino incluso a su desarrollo si eliminamos factores neoliberales como la publicidad y la alienación de la población.
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Nicholas Georgescu-Roegen
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Un año más tarde aparece innovadores conclusiones similares en el informe “Los límites de crecimiento” realizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts. ¡Vaya por Dios! Al año siguiente comienza la crisis del petróleo… Este informe, por cierto, ha sido actualizado posteriormente varias veces. Como ese podríamos elegir más ejemplos (Paradoja de Jeavons, Alegoría del burro y la zanahoria, etc.). Pero mientras tanto se iniciaba en otras partes del mundo una corriente ecologista, alejada de los estándares hippies por cierto, donde encontramos a personas con un mensaje muy innovador e interesante como Barry Commoner, político estadounidense con el que, por alguna extraña razón, el Sr. Navarro se llena la boca en sus artículos de crítica al decrecentismo. Pero ya os he aburrido suficiente con la clase de historia y lo dejaré en los años 70 pues explicar su desarrollo y expansión puede ser un tema arduo y demasiado extenso.
La corriente decrecentista se llama así debido a que conduce el cambio a un sistema donde el PIB de un país no sea la forma de evaluar su desarrollo. ¿Por qué crecer por crecer? Tampoco se trata de una pérdida del desarrollo. Hay quien diría que propongo volver a las cavernas cuando lo que se trata es justo lo contrario, en formar unas comunidades que administren los recursos de forma eficiente. No se necesitan 4 ordenadores para educar a un niño ni aumentar el PIB para mejorar la sanidad. En palabras de Serge Latouche, principal impulsor del decrecimiento francés: “la consigna del decrecimiento tiene como meta, sobre todo, insistir fuertemente en abandonar el objetivo del crecimiento por el crecimiento, [...] En todo rigor, convendría más hablar de "acrecimiento", tal como hablamos de "ateísmo".
Explicándolo más técnicamente: un subsistema no puede regular un sistema superior que le englobe. La economía es un factor que estructura la sociedad, y por tanto, depende de él –se encuentra “por debajo”-. La sociedad es, en última instancia, fruto de la biosfera y, por tanto, no es la naturaleza quien debe depender de la economía, sino al revés. Y esto no es una proposición. Es un axioma: llegará un momento en que no podremos crecer, porque nada es infinito (y menos los recursos).
El dinero no es sino la representación de los recursos de la Tierra y estos son finitos. Animales somos, a pesar de que modifiquemos nuestro ambiente. Yo pienso que esta crisis por la que pasamos ahora nunca va a desaparecer. El dinero que te falta ahora lo tiene otro; solo hace falta mirar la lista Forbes y observar cómo durante la crisis los ricos han aumentado sus ganancias más rápido que nunca, y cómo las multinacionales incrementan sus beneficios. Algunas han colapsado, sí. La inflación juega malas pasadas. Con la globalización nos dirigimos al monopolio más agresivo.
“En la percepción común, en nuestra sociedad, el crecimiento económico es, digámoslo así, una bendición. Lo que se nos viene a decir es que allí dónde hay crecimiento económico, hay cohesión social, servicios públicos razonablemente solventes, el desempleo no gana terreno, y la desigualdad tampoco es grande. Creo que estamos en la obligación de discutir hipercríticamente todas éstas. ¿Por qué? En primer lugar, el crecimiento económico no genera - o no genera necesariamente - cohesión social. Al fin y al cabo, éste es uno de los argumentos centrales esgrimidos por los críticos de la globalización capitalista. ¿Alguien piensa que en China hay hoy más cohesión social que hace 15 años? [...] El crecimiento económico genera, en segundo lugar, agresiones medioambientales que en muchos casos son, literalmente, irreversibles. El crecimiento económico, en tercer término, provoca el agotamiento de los recursos que no van a estar a disposición de las generaciones venideras. En cuarto y último lugar, el crecimiento económico facilita el asentamiento de lo que más de uno ha llamado el "modo de vida esclavo", que nos hace pensar que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos, y sobre todo, más bienes acertemos a consumir.
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| Carlos Taibo |
Extracto de la conferencia de Carlos Taibo sobre Decrecimiento, dentro de las jornadas «¿Cómo te defiendes tú de la crisis?» de CNT-Córdoba, 25 de noviembre de 2008.
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Río Congo (¿Cuántas Tierras desea usted?)
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Es lógico que los países tercermundistas necesitan desarrollarse. Y lo harán si se realizan los cambios adecuados. Es de los países más infradesarrollados de donde salen los recursos materiales para gran parte de los bienes de “lujo primermundista”. Tienen una productividad que simplemente se ve mal repartida. Imaginaos si las toneladas de diamantes que se han sacado y se siguen sacando de África hubiesen repartido su beneficio de explotación con las proporciones en un negocio de silvicultura del primer mundo. Pero no sería tan lucrativo para EEUU, claro está… Es incoherente que estos países se vean abocados a la pérdida de riqueza, puesto que la riqueza proviene de la naturaleza como ya hemos explicado; y solo el expolio de sus recursos es lo que está fomentando, por un lado las deplorables condiciones de vida del ciudadano medio y por otro la pérdida de esos recursos que pasan a las manos de europeos, estadounidenses, etc.
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EEUU aúpa a Israel a aprovecharse
de los
recursos de Tanzania…
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Unamos ahora con lógica este complicado paradigma con las propuestas antes analizadas. La responsabilidad que existe en nuestra generación con la humanidad, con la justicia y con nuestros hijos no es solo la responsabilidad de “el coletas”. Me entristece pensar que todo ese potencial de la gente que empieza a levantarse sea dirigido por otros nuevos nombres, y aunque ha sido el trabajo de Juan Torres y Vicenç Navarro lo que me ha incitado a escribir este texto, no solo me refiero a Podemos. Somos todos nosotros los que tenemos que levantar la voz para pedir un mundo con futuro mejor.
La política que los partidos de izquierda están proponiendo en este tiempo de cambio tan importante no aborda la raíz del problema. Si Podemos concreta un programa reformista, y no radical, sobre el sistema económico, aplicando un modelo keynesiano, simple fruto de la experiencia estadounidense de hace 80 años, no eliminará totalmente el problema de la crisis ecológica. Y este es un problema del planeta, es decir, que todos lo tenemos en “casa”.
Es difícil transmitir la idea que explico, y lo digo por experiencia. Es difícil contaros que estáis en el paro, que el dinero solo representa el tiempo que habéis trabajado para enriquecer más aún a los de siempre, y que, cuando queráis ir a denunciarlo, tendréis que pagar abusivas tasas judiciales. Es todavía más difícil que os deis cuenta de que, aún así, somos parte del 10% más rico de la Tierra, y que participamos en la destrucción de ella. Es utópico que os hagáis a la idea de que, con todo ese sufrimiento ante vuestros ojos, la mayor crisis es la del medioambiente. Mamá, tienes que dejar de comprar en Zara. Papá, nosotros no tendremos espacio en una nave que vaya a Marte. Abuelo, con 10 camisas tienes suficiente, no necesitas más, ¿sabes de dónde provienen? Amigo, tu móvil está fabricado con el coltán por el que los niños mueren sacándolo en el Congo. Amiga, ¿por qué no quieres que te explique cómo funcionaría una comunidad autosuficiente, sostenible y respetuosa con el medio?...
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¿PODEMOS seguir talando indiscriminadamente en otro planeta?
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