jueves, 25 de septiembre de 2014

Sobre yates y gente con hambre




Motivos para indignarse y luchar por un mundo más justo

En un despacho un hombre trajeado está firmando los últimos papeles para formalizar la compra de un yate. Sus hijos asisten a elitistas, exclusivos y carísimos colegios privados dónde se codean con compañeros de clase que aspiran a comprarse un yate algún día, y jamás encontrarán en su entorno cercano a alguien que pase necesidad.

Dos calles, dos barrios o 20.000 kilómetros más allá, en el mismo instante en que se firma el contrato, 2 niñas mueren de diarrea y 3 niños de hambre. Hubieran bastado unos pocos litros de agua potable para salvar a las niñas y quizás un poco de arroz y unos pedacitos de carne para los niños. En una macabra ironía de la fisiología el vientre de los hambrientos permanece hinchado durante sus últimos días de vida a causa de la deficiente cantidad de proteína en sangre.

Es 2014, la era de la información. Existen internet, los aviones, la resonancia magnética, se ha enviado gente al espacio, podemos curar algunos cánceres, clonamos ovejas, fabricamos ratas fluorescentes... pero la gente sigue muriéndose de hambre y diarrea.

Los trepidantes avances científico-técnicos han llegado también a campos como la agricultura, la ganadería y la pesca. Hoy es innegable que existe la capacidad técnica para que nadie pase hambre, sin embargo esta no parece ser una de nuestras prioridades como especie, y es un crimen.

¡Que macabro que haya gente que se atreva a decir en voz alta IGUADAD DE OPORTUNIDADES!

¡Que vacías de verdad están las gargantas de los profetas del liberalismo económico!

Parece imposible desde una perspectiva humana que alguien haya sido capaz de convencer a ese hombre de que tiene derecho a gastarse 20 millones de euros en algo innecesario mientras hay gente muriendo de hambre en el mundo. Parece ilógico también que la sociedad le permita a este individuo realizar tan absurda compra. 

Y, ¿cómo ha conseguido nuestro bien vestido “amigo” ser en cada hora de trabajo 1000 veces más productivo que cualquiera de sus mileuristas empleadas y empleados medios? ¿Del sudor y la sangre de quién ha salido la riqueza para pagar ese yate?

¿Tendrá estas niñas y niños absurdamente muertos algo que ver con la imposibilidad de expandir el consumismo del sistema al conjunto de la población mundial por la limitación de los recursos? ¿No hace esta concepción necesaria una enmienda al propio sistema?

¿Qué grado de enajenación impide a las élites económicas tomar conciencia de ser humanos o incluso de habitantes del planeta, cuando llevan el “desarrollo” industrial y técnico fuera de los márgenes de lo ambientalmente saludable? ¿Qué clase de enajenación nos impide a la gente común instaurar un sistema que no permita este tipo de aberraciones?

El caso del yate es muy evidente, pero ¿y todo el resto de los que no tenemos derecho a la desesperanza? ¿somos víctimas o verdugos? Creo muy necesario redefinir tanto a nivel personal como colectivo nuestras prioridades.

Decía Ska-p: …”Cómo cambiaría completamente la situación si fuese a tu hijo a quien dedicase esta canción“…y es muy gráfico. En la era de la información donde para ver a un niño hambriento bastan 2 clics de ratón creo que ha llegado la hora de que empecemos a sentir como nuestro el dolor de tod@s l@s niñ@s y seres humanos, para ver si de una vez, entre tod@s, somos capaces de cambiar la macabra melodía de fondo que suena en el mundo.