domingo, 12 de octubre de 2014

¿”Hay que aislar al ébola, no a los países”?

 “Isolate Ébola, not countries” es la frase que ayer, en la conferencia de prensa que daba cierre a la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional en Washington, lucía Christine Lagarde en su solapa. Después de una semana leyendo en redes sociales las múltiples opiniones al respecto de lo que ya algunos llaman la “crisis del ébola”, casi una por cada persona con acceso a la web, y cansada del maquillado o a veces explícito argumento de que los casos de ébola africanos deben quedarse en África, leer que la directora del FMI sostiene una postura similar a la mía me alivió considerablemente; sentimiento que se reforzó al leer la siguiente frase de su intervención: “Si se necesitan más recursos para frenar el brote en África Occidental, estaremos ahí". Casi caigo en la trampa de la complacencia.


  Los altos niveles de adrenalina y cabreo acumulados con cada conversación que he mantenido al respecto del polémico traslado de voluntarios infectados a España me hizo defender, uno de los días en los que perdí la inhibición prefrontal en el debate, una enésima secuela de Saw, versión reality, en España… pero Lagarde no está indignada porque un grupo de listillos cuya militancia social se limita a desarrollar agujetas escribiendo en facebook quiera eliminar la única posibilidad existente hoy en día de que no se reduzcan aún más las plantillas de profesionales adecuadamente formados que pueden mantener a raya la enfermedad en Liberia, Sierra Leona y Conakry condenándolos a ellos, y a los receptores de sus futuros cuidados en el caso de que su recuperación hubiera salido bien, a una muerte segura mientras más profesionales locales se infectan por la alta presión del cuidado (y esto es, tener que cuidar a muchos, con cuidados complejos y con sólo dos manos) y figuran como bajas del equipo asistencial por no poder ser evacuados; es decir, por no ser ciudadanos españoles, ni norteamericanos, ni franceses… y mientras países con adecuados medios sanitarios esperan a que les toque de cerca para enviar dichos medios que, no sé si por casualidad o por cuestiones de guerra preventiva que no hace más que perpetuar la idea de que el ser humano es una alimaña, son propiedad del ejército. No, Lagarde no siente rabia; Lagarde sólo dice lo que sabe que algunos queremos oír haciendo alarde de sus buenas dotes de comunicación política y de su conocimiento de que, hace tan sólo unos meses, la ha cagado bien cagada de cara a la opinión pública.

Resulta que la realidad en África del oeste, ese lugar del mundo rejodido, como diría Galeano, desde que en las décadas 50 a 70 los territorios que hoy la conforman lograran su independencia con la promesa enunciada por Francia de constituir en ellos dos grandes estados, un estado Tuareg y el gran Estado de África del Oeste, como respuesta a los reclamos de sus gentes: la reunificación étnica de parte del áfrica negra tras la separación acaecida por la división fronteriza en la época colonial, a modo de muro de Berlín invisible, y la independencia de un pueblo con un sistema organizativo político y social, ético y religioso diferente al del resto, la comunidad Tuareg… la realidad de esta región… es que la infraestructura sanitaria, y no solo esta, no es suficiente para sustentar la carga asistencial derivada de una enfermedad como el ébola, pero tampoco la de la malaria, malnutrición crónica, o diarrea aguda… contribuyentes todas ellas a la alta tasa de mortalidad, fundamentalmente infantil, de estos países y, por tanto, la presencia de agentes externos se hace indispensable.

La realidad es también que el único agente externo con capacidad para organizar hospitales de campaña por conocimientos y medios es Médicos Sin Fronteras, ONG paradójicamente francesa, cuya labor está siendo irremplazable pero que, recordemos, ni en esta ocasión ni en sus demás proyectos, al igual que gran parte de las iniciativas de cooperación al desarrollo de otras organizaciones distribuidas por el planeta, favorecen los cambios estructurales necesarios para que esa dotación sanitaria, necesidad básica y derecho de los pueblos, sea costeada por quién debe hacerlo: los propios gobiernos de los países en desarrollo o como también los definía Galeano y volviendo a citarle, de los “países arrollados por el desarrollo ajeno”. Y es que un profesional de la cooperación al desarrollo correctamente formado debe entender y respaldar que, si su trabajo está bien hecho y da resultados, el destino del mismo es desaparecer y no ser necesario. Toda medida que no se encamine a este objetivo supone crear dependencias, tan injustas e indignas como el propio empobrecimiento.

Entonces… ¿dónde está la incidencia sociopolítica, el poner contra las cuerdas al gobernante de turno, cada vez que se construye un hospital con fondos extranjeros? Hay que salvar vidas, sí, y además empoderarlas, hacerlas dueñas de esa vida que salvamos y eso… eso supone cambiar la política allí, en África, haciendo a los gobiernos responsables de la vida de su gente sin que incluyan, como ya he visto, las partidas económicas de cooperación al desarrollo provenientes de gobiernos extranjeros como uno de los ingresos estables en sus presupuestos anuales del estado; pero también aquí, incidiendo sobre nuestros gobiernos, para que ese envío de dinero en el marco de la cooperación al desarrollo coopere al desarrollo del país receptor y no al propio, al ir acompañados de concesiones territoriales a empresas nacionales o privilegios arancelarios para la importación de materia prima africana y exportación de residuos europeos.

Aquí es donde está la trampa de Lagarde, cabeza de lista y ojalá lo fuera (porque de eso se derivaría el hecho de su elección más o menos democrática que es hoy en día una utopía) de una de las estructuras económicas que sustenta la realidad de la desigualdad mundial. Por eso no puedo evitar una sonrisa socarrona de medio lado cuando leo que desde ella se nos invita a no aislar a los países afectados cuando, de hecho, llevan aislados del ritmo frenético de crecimiento de otros durante décadas y son las políticas económicas que parten de organismos como el que preside las principales responsables de ello. 



Lagarde se ha comprometido a costear los gastos necesarios, iniciativa a la que también se ha sumado Mario Draghi desde el Banco Mundial, pero… ¿Qué implica enviar dinero en concepto de apoyo sanitario a África para el FMI? ¿Hasta qué punto nos estamos salvando a nosotros mismos, a nuestra propia gallina de los huevos de oro, y no llevando a cabo un acto de justicia social? Y lo más importante… si esta iniciativa auxiliadora lleva detrás un análisis de necesidades y una intención sanadora que parte de la sensibilidad hacia la vida humana, ¿porqué no se habla de la República Democrática del Congo delante de los micrófonos, donde la epidemia sigue extendiéndose? Es que la R.D.C ya está muy vista… primero el Ébola, donde este virus ya sembró el pánico en 1976 (aunque previamente lo había sembrado en Europa un virus similar, el marburgo, pero los trapos sucios mejor lavarlos en casa…); luego las matanzas entre hutus y tutsis que atravesaron las fronteras del norte del país usadas como vía de escape por los tutsis para salvar la vida en el genocidio de Ruanda; más tarde la guerra del coltan, donde los niños no mueren por su mala suerte al haberse infectado de un virus sino porque los que mantienen abiertas las minas, empresas tecnológicas no precisamente africanas que necesitan dicho material para fabricar baterías ligeras, han decidido su suerte… ¿y ahora otra vez el Ébola? Esto es afán de protagonismo. No, no hay gratuidad, vivimos en un mundo interesado en el que hasta del Ébola se sacará beneficio; eso sí, para los de siempre. Ya expresó Jean-Marie Le Pen que “el Ébola puede solucionar el problema de la inmigración en tres meses”; de hecho, lo ha solucionado. Por primera vez un virus se ha convertido en experto en comunicación política y manipulación de la opinión pública.


2 comentarios:

  1. Estaremos fallando al no ser capaces de convertir esta nueva gota en un mar de razones para rebelarnos contra un sistema que perpetra la desigualdad ¿No deberíamos utilizar la ateción mediática generada para señalar las contradicciones de un mundo con víctimas de 1ª, 2ª,3ª clase y subhumanas?

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  2. Efectivamente Jorge. La intención de este artículo era precisamente esa, señalar las contradicciones, en este caso, de la política internacional en un momento en el que ejercer la solidaridad por parte de aquellos que dan lugar a las situaciones que se pretenden resolver parece estar de moda, eso si, siempre con algo detrás. Para ser capaces de detectar estas contradicciones es necesario ir más allá en el análisis; es imposible entender la realidad concreta y actual de un país sin conocer su historia o las estructuras económicas, políticas y sociales que determinan la vida de las personas de allí, es lo que en cooperación al desarrollo se llama "conocer los procesos" y de este desconocimiento de los procesos vienen las grandes meteduras de pata en algunas acciones, y de su conocimiento precisamente el aprovechamiento por parte de algunos. Hay que cambiar el modelo vigente de las relaciones internacionales clásicas gobierno-gobierno u organización-pueblo para que comiencen a ser bilaterales y recíprocas pueblo extranjero--> gobierno/organización extranjeras--> pueblo local/gobierno local --> gobierno extranjero, porque todos somos responsables de las dinámicas que dan lugar a los procesos de enriquecimiento y empobrecimiento, mal que nos pese. Tenemos que empoderarnos allí y AQUÍ, porque como decía Guevara. "No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante." ¡Un besote Jorge! ¡Hasta la victoria! =)

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