jueves, 21 de noviembre de 2019

Al final el Joker y Albert Camus rieron los últimos.



En el momento que escribo estas lineas Box Office Mojo acaba de confirmar oficialmente que la película de 2019 "Joker" acaba de cruzar los 1.000 millones de euros de recaudación a nivel mundial. Repito poniéndolo en contexto, 1.000 millones para una película en la que no hay grandes escenas de acción hechas con efectos especiales, que no pertenece a una saga cinematográfica, que está calificada para mayores de 18 años y que no se ha estrenado en el mercado Chino (ya que el Partido Comunista Chino decidió censurarla por subversiva). En otras palabras, la clase de película que según las reglas de Hollywood nunca debería haber sido rentable, la clase de película que los estudios llevan casi una década tratando de evitar hacer... y sin embargo se mueve.

Por si esto fuera poco, este largometraje sufrió uno de los estrenos más controvertidos de los últimos tiempos. Después de recibir el León de Oro en el Festival de Venecia así como numerosos elogios de la crítica europea, comenzó al otro lado del charco una guerra cultural alrededor de esta película, con un acérrimo grupo de fans defendiendo el valor de este film como un ataque políticamente incorrecto y furibunda hacia un sistema inherentemente injusto y, por el otro lado, buena parte de los grandes medios de comunicación y una importante sección de la critica especializada denunciando cómo esta película alentaba la violencia, la misoginia y el racismo y era vacía a la par que peligrosa.

Para entender este fenómeno es necesario analizar la película en cuestión desde dos puntos de vista, por un lado, analizando el film en si mismo y por otro, la evolución del personaje del Joker como villano, y con la venia de los lectores, empezaremos por lo segundo. Con permiso de Cesar Romero, la primera incursión del personaje conocido como Joker corrió a cargo de Jack Nicholson en la película de Tim Burton "Batman" de 1989. En ella, el personaje se mantenía en un perfil más o menos canónico y representaba una versión parodiada y excéntrica de los criminales y gangsters prototípicos del cine negro. En esta versión, el Joker no se aleja del patrón del antagonista tradicional, un criminal, miembro del hampa, que rompe la ley y pone en peligro a indefensos y honestos ciudadanos. Esta lectura entronca a la perfección con la américa post-Reagan si tenemos en cuenta que para el cuadragésimo Presidente de EEUU la lucha contra el crimen (que durante la década de los 70 había ido creciendo desmedidamente hasta llegar en 1981 al pico de criminalidad de toda la historia de EEUU desde que hay registros.) fue una de las piedras angulares de su administración durante su presidencia, cuyo final coincidió con el estreno de la película de Burton. Así pues, en la década republicana por excelencia de EEUU, Hollywood interpretó al archiconocido villano como al antítesis total del buen ciudadano y la clase de amenaza que debía ser neutralizada para proteger la perfección del estilo de vida americano. No volveríamos a ver al Joker en la gran pantalla hasta pasados 19 años en la obra maestra de Nolan "El caballero oscuro" interpretado por Heath Ledger. Para esa época el 11 de septiembre ya había ocurrido y el enemigo de EEUU había cambiado, y había pasado de ser el crimen interno a la omnipresente amenaza del terrorismo exterior. Nolan capturó perfectamente la angustia del pueblo americano ante una amenaza que se aprovechaba de los medios de comunicación y de poder causar atentados con numerosas víctimas civiles en prácticamente cualquier lugar para descomponer una sociedad que con toda su fortaleza y poderío económico y tecnológico se sentía vulnerable. El terrorismo islámico, percibido como fanático, invisible e irracional, encontraba su reflejo en un Joker desquiciado, de acciones tan anárquicas como sádicas, con un ejército de seguidores fanáticos capaces de inmolarse por su líder y que sabía usar como armas tanto los explosivos como el miedo y los medios de comunicación para crear histeria colectiva. Pero el gran crimen de este Joker no fue encontrar y aprovecharse de los puntos débiles de la sociedad, o alimentar el miedo a través de una infodemia, sino que muy agudamente el director británico muestra a nuestros héroes (Batman en especial, pero también Jim Gordon y Harvey Dent) renunciando a sus principios morales y éticos para lograr detener a este criminal en un irreversible camino de autodestrucción, en una acertada metáfora de cómo, en nombre de la lucha contra el terrorismo y la seguridad, el pueblo americano cedió parte de sus libertades y derechos y vendió un trozo de su alma (aceptando el uso de la tortura, la supresión del “Habeas Corpus” y otros derechos jurídicos básicos o la destrucción de la intimidad de la ciudadanía a través de los modernos sistemas de espionaje digital). En un alarde de metatextualidad, Nolan aprovechaba en el último tercio de película la subtrama en la que el Joker decide colocar dos bombas en dos barcos y obligar a los pasajeros a accionar el detonador del otro barco pero en el que la ciudadanía, en un ejemplo admirable de civismo, principios y fraternidad, decide no ceder para mostrar cómo a victoria de los estados democráticos sobre el terrorismo estaba no en el uso de la violencia fuera de la legalidad si no en aferrarse a los valores democráticos esenciales. Tras esto, y permitiéndonos pasar por alto ese aborto malparido que es el Joker de Leto, la siguiente gran aparición del personaje es en la película de 2019 e interpretado por Joaquin Phoenix. En ella ocurre un cambio fundamental con respecto a las otras dos, y es que el antagonista para a ser el protagonista. En esta nueva versión el Joker no representa una amenaza que surge bien de los límites de la sociedad (el mundo del crimen organizado) ni directamente del exterior de la misma (el terrorismo) sino que este Joker es un subproducto de la sociedad en si misma. Si tenemos en cuenta que la década que media entre el lanzamiento de "El Caballero Oscuro" y "Joker" observó la mayor crisis económica desde el 29 y el consecuente colapso social, la degradación del discurso político y el embrutecimiento generalizado de la sociedad, entendemos por qué, a diferencia de lo que había ocurrido en el pasado, la amenaza para la sociedad era ahora la sociedad en si misma. Como vemos, si uno quiere tener una idea del mayor antagonista del mundo occidental en cada momento simplemente tiene que echarle un ojo a la versión del Joker que esté de moda.

Ahora que sabemos de que pie cojea cada Joker (y en especial el último, que es el que nos importa) es hora de interpretar la película, y para ello voy a hacer una de mis cosas favoritas, recurrir a un filósofo europeo de la primera mitad del s. XX y de biografía bastante surrealista para intentar entender todo este pastelote. Si bien en las anteriores entradas nos fuimos por los germanos, esta vez voy a tirar de un francés (bueno, argelino-hispano-francés, ya que su madre era de Baleares y nació en colonias), el ganador de un premio Nobel (y uno de los de verdad eh, no el de la paz) mujeriego (en el buen sentido de la palabra) y fumador empedernido Albert Camus y su archiconocida obra "El extranjero". A decir verdad, Arthur Fleck en "Joker" y Meursault en "El extranjero" guardan ciertos paralelismos interesantes cuanto menos. En la novela, Meursault se presenta como una persona ajena por completo a la sociedad y que vive apartado de cualquier clase de sistema de creencias o relación social o personal seria. En los primeros compases de la novela, el protagonista recibe la noticia del fallecimiento de su madre, la única persona con al que tenía alguna clase de relación. No obstante, cuando acude al velorio no muestra ni pena ni dolor, mas una absoluta indiferencia. Tras esto se encuentra con María, una vieja amiga, con la que comienza una relación sentimental. Unos días después decide ayudar a un vecino a vengarse de su novia por una infidelidad y poco después, cuando los hermanos de dicha mujer intentan vengarse, Meursault los mata usando una pistola que su amigo le había dado antes. Tras ser arrestado, Meursault es juzgado por el asesinato y durante el proceso observamos cómo su apatía hacia los diferentes sistemas de creencia, y su existencia ajena y hasta crítica hacia las estructuras y normas sociales y su inherente hipocresía y carencia de significado hará que finalmente sea condenado a muerte. Mientras que el resto de la sociedad le considera un monstruo por no adherirse a las convenciones sociales, en sus últimos días de existencia Meursault encuentra la paz interior al aceptar su independencia absoluta con respecto al resto del mundo y el rechazo y escepticismo total hacia el mismo. Esta novela plasma la gran teoría filosófica de la obra de Camus, el Absurdismo. Según el Absurdismo, la existencia humana es totalmente fortuita y caótica, sin sentido ni objetivo, pero como aceptar la futilidad de nuestra propia existencia nos es imposible, las personas creamos grandes sistemas de creencias y complejas estructuras ideológicas y sociales (religión, ideas políticas, nacionalismos, convicciones morales, etc.) para dar sentido a nuestra vida, proporcionarnos una identidad y comprender nuestro lugar en el mundo, incluso si ese lugar está determinado por una narrativa ficticia (si, y ya se que en la anterior entrada defendí la existencia de dichas estructuras al hablar de Fleabag y Erich Fromm, lo siento, soy un hombre con mis contradicciones.) Para Camus, estas grandes estructuras tienden a obligar a todos los miembros de la sociedad a jugar dentro de sus normas y aceptarlas, y por lo tanto, vivir rechazando o siendo escéptico hacia las mismas es por si mismo un acto de rebeldía que la sociedad tratará de eliminar, llegando en último extremo a, en palabras del propio Camus: "Condenar a una persona a muerte por no llorar en el entierro de su madre." Para Camus, por lo tanto, la única forma de vivir en armonía era la de aceptar el absurdo de la existencia, la carencia de significado de la misma y al ausencia de valor de cualquier gran sistema (dejo aquí un video que lo explica un poquito mejor que yo).


Esta filosofía bebe a su vez del gran, del único e irrepetible, Friedrich Nietzsche y su Nihilismo. El prusiano de bigotes raros entendía que este colapso de los grandes y tradicionales valores supremos suponía la oportunidad para el género humano de liberarse de las limitaciones del pasado y reinventarse a sí mismo. En la ética de Nietzsche existe la moral de siervos contrapuesta a la moral de los señores. Para los siervos, sus acciones están delimitadas y constreñidas por aquellos valores que la sociedad y los sistemas de creencias imponen sobre ellos, basadas en el miedo a las repercusiones y en su propia debilidad, mientras que los señores son aquellas persona que, a través de lo que denominaba "la voluntad de poder" son capaces de alzarse ante estos sistemas y crear su propia escala de valores éticos de forma racional y basada en la buena fe y en llegar más allá de uno mismo.

Sin querer dar a entender que el Joker sea una suerte de adaptación de El extranjero (nunca he dicho que lo sea y si alguien sugiere que lo he hecho lo negaré hasta la muerte) si que se observan interesantes paralelismos e influencias. Por un lado, ambos personajes viven en un divorcio total de la sociedad, de sus reglas y sus estructuras, con la diferencia de que en Arthur esto causa un pathos existencial absoluto mientras que en Meursault simplemente causa indiferencia. Ambos presentan una relación materno-filial cuestionable (en especial tras la muerte de sus respectivas madres) en ambos el incidente catalizador es el asesinato a disparos de unos hombres en defensa propia y en ambos casos este hecho llevará a un proceso irreversible en el que la sociedad en conjunto se volverá en su contra no por el acto en si, mas por negarse a formar parte de la misma. Y lo que es más interesante, en los tramos finales de las respectivas obras (y trataré de evitar los spoilers lo más posible aquí) ambos sufren, en el momento en que la sociedad ejerce una mayor presión sobre ellos, una catarsis de la que renacen como un nuevo ser que ha dejado atrás sus conflictos pretéritos para redefinirse a sí mismo y, por fin, vivir en armonía con su propio absurdo vital y consciente del absurdo del resto del mundo. No es baladí relacionar el absurdismo con el Joker, puesto que incluso en sus anteriores versiones, y a diferencia de otros villanos, el Joker siempre ha tendido a ser una figura iconoclasta que no busca únicamente el crimen per se, sino destruir la sociedad a través del cuestionamiento del absurdo de la misma. Así en "Batman" 1989 el Joker imprime dólares con su propia cara, destruye carísimas obras de arte y organiza su propio desfile del día de Acción de Gracias en un aparente intento de "cooptar" la sociedad de consumo americana de los 80, mientras que el Joker de 2008 se define como un "agente del caos" y expone constantemente cómo su motivación para el crimen es demostrar cómo el civismo de la sociedad y todos sus valores son meramente superficiales y en caso de ser necesario, cualquier ciudadano honrado podría convertirse en un monstruo tan violento y sádico como él mismo lo es. En otras palabras, a diferencia de otros antagonistas, el Joker es un antagonista profundamente subversivo no sólo por sus crímenes sino por cómo estos exponen del lado oscuro de la propia sociedad.

Si bien esto es una constante en el personaje, la última versión del Joker no se limita a usarlo como un elemento secundario sino que (como película fruto de sus tiempos) gira entorno a esto. Y este es el quid de la cuestión. Existen infinidad de películas que cuestionan la sociedad (muchas de ellas de forma más furibunda que el Joker) pero, al menos desde hace varias décadas, ninguna película mainstream que lo haga. Ninguna película financiada por un gran estudio y con una gran campaña de publicidad que lo hiciera. En otras palabras, para toda aquella audiencia ajena al cine de autor, independiente o de bajo presupuesto, esta es la primera vez que se encuentran con una película con un mensaje que cuestiona abiertamente la realidad social. Dentro de una generación criada en el cine hipercomercial, estéril y azucarado que como norma general Hollywood lleva produciendo los últimos 20 años, una película que bebe directamente de la mala leche del cine americano de los 70 supone poco menos que un ritual de paso a la madurez. Así pues, tanto el éxito cómo las críticas de esta película se deben en buena medida a esta contraposición al cine comercial prototípico (no es casualidad que la película fuera apreciada como una joya por la crítica europea, más acostumbrada a un cine irreverente, provocativo y de minorías, pero causara consternación y rechazo entre la crítica americana, más afín a un cine aséptico de masas, pero a esto iremos luego). Joker hace algo que pocas o ninguna película mainstream de estudio había hecho recientemente, mostrar un comentario caustico de la sociedad y cuestionar una serie de valores y convenciones sacrosantas para la mayor parte del cine comercial contemporáneo. De esta forma llegamos a un último acto en el que, emulando de forma retorcida, sádica y oscura al superhombre de Nietzsche (o meojr dicho, una deformación de dicho concepto, ya que en su obra Nietzsche se cuida de dejar claro que cualquier crecimiento individual ha de ir acompañado de un respeto a los valores éticos fundamentales que en el caso del Joker están ausentes) Artur Fleck se alza sobre el mundo habiéndose transformado a si mismo un Joker que ha creado su propia escala de valores, para el no menos absurda o disfuncional que la de la sociedad con la que ha coexistido y que le ha creado.

Como consecuencia de lo hasta ahora expuesto, Joker disfrutó de una recepción controvertida. Por un lado tenemos a quienes les gustó, un variopinto grupo formado por simples cinéfilos (entre los que me incluyo), admiradores del personaje por su tóxico carisma y personas que de alguna forma se sienten desarraigadas con el sistema y se identifican con Arthur Fleck. Naturalmente, no pretendo sugerir que estas personas sean enfermas mentales o criminales en potencia, pero si una gran masa de población que por una u otra razón se ha visto dejada de lado por las corrientes culturales dominantes y han tomado en esta película un elemento identitario que a posteriori (y en su mayor parte sin fundamento alguno) ha sido estigmatizado por los medios de comunicación de masas en una mezcla confusa de corrección política, histeria colectiva, oportunismo y paranoia. Como cualquier obra de arte provocativa, Joker fue recibida con recelo por una parte de los medios y los críticos más obtusos, quienes la criticaron por su mensaje presuntamente tóxico (me temo que hoy en día esa palabra se usa demasiado a la ligera). Ni que decir tiene, hay muchas personas a las que esta pelí no les gustó por motivos legítimos, como en cualquier otra disciplina, el arte cinematográfico tiene una carga subjetiva considerable y Joker no es tampoco una obra de arte perfecta que merezca el aplauso unánime, pero el hecho de que una gran parte de la crítica rechazara esta película no por sus méritos o deméritos artísticos sino por su premisa temática es indicativo de que el verdadero problema no está en el contenido de la película, sino por el embrutecimiento intelectual de gran parte de la crítica y los medios. Desde CNN a Time Magazine, la reacción de rechazo a esta película por parte del "establishment" cultural (no soy amigo del uso de anglicismos pero con este término haré una excepción ya que presenta ciertos matices ausentes en sus equivalentes en español) y por motivos ajenos a su calidad cinematográfica ha sido, paradójicamente, una metáfora perfecta de lo que el Joker simboliza.


Una de las críticas más repetidas (junto con la que se acaba de exponer en el párrafo anterior) a la película es como el movimiento social y las protestas que el payaso del crimen de Gotham inicia durante la segunda mitad del film adolece de una falta de profundidad ideológica y se limita a representar una serie de disturbios sin un ideario político bien definido. Evidentemente, cualquiera que diga esto no ha estado en una manifestación en su put* vida. Tradicionalmente (y vale de esto tanto el ya lejano 15M como los más recientes chalecos amarillos en Francia, y todo entremedias) los grandes movimientos de protesta no se basan en un ideario político bien definido con ideas teóricamente sólidas y diseñadas desde la serenidad, sino que vienen a recoger estados de ánimo, opiniones en ocasiones contradictorias o cuanto menos no necesariamente complementarias y peticiones que surgen desde la subjetividad y la reacción más emocional que intelectual y que únicamente a largo plazo pueden dar lugar a idearios complejos y medidas maduras. En ese sentido, es absurdo tratar de pensar en el Joker como una suerte de líder revolucionario con determinados idearios políticos pues, como hemos visto antes, eso sería justo lo contrario de lo que esta figura representa. Por el contrario, vemos a un Joker que, por medio de un descontento político y social puntual, alimenta un caos que no busca en ningún caso crear un nuevo sistema, sino únicamente destruir el existente. Recuerdo no hace mucho escuchar en medio de una manifestación el grito "queremos la banca expropiada y a la Botín ahorcada", vayan ustedes a este señor a pedirle que elabore un proyecto de ley de banca pública para tramitarlo en el congreso si se atreven.

Igual que la trama gira en torno a Arthur Fleck y de cómo este vive en constante oposición al mundo que le rodea, la película de Joker (con sus virtudes y sus debilidades artísticas) ha existido en constante oposición a una oferta de entretenimiento cinematográfico manufacturada para ser lo más convencional y afín a la sociedad de consumo posmoderna posible. En este sentido, hacer una película como Joker, influenciada por una tradición de cine que viene de películas de los 70 como "Taxi Driver" (recordemos que Joker fue producida por Martin Scorsese, quien estuvo a punto de dirigirla) es, en la vida real y en el microcosmos del Hollywood actual, un acto de desafío equiparable al de Meursault en El extranjero. De forma quizá inconsciente, una gran parte de la crítica que atacó esta película lo hizo no por su contenido en si mismo, sino por reacción a un modelo de película que cuestiona lo que unánimemente se ha aceptado como una película de masas (una formula de entretenimiento tan espectacular en su superficie como vacío en su núcleo), usando como argumento arrojadizo una serie de argumentos morales totalmente falaces (desde decir que esta película glorificaba la violencia e incitaría agresiones y episodios violentos que nunca existieron a decir que era una película que promovía el supremacismo blanco en unos ejercicios de malabares mentales equiparables a los de Rubiales explicando por qué jugar la supercopa de España a Arabia Saudí es una forma de luchar por los derechos de las mujeres árabes) que no hicieron sino ejemplificar la imperiosa necesidad de películas como "Joker" en el ecosistema de cine de masas actual.

Por otro lado, es imposible entender el rechazo a esta película sin comprender la situación política de EEUU. Desde la victoria de Trump en 2016 la sociedad americana ha sufrido una polarización sin precedentes recientes acompañada del descenso profundo del nivel intelectual del debate político promedio, con la consecuencia de que casi cualquier hito aparentemente insignificante puede convertirse en una guerra cultural. En este caso, el proceso ha sido interesante. Es evidente para cualquiera que la vea que esta nunca ha tenido ninguna intención de atraer de forma particular o evidente a los seguidores del actual presidente, pero tras su éxito en el Festival de Venecia, una pequeña parte de Internet que vive en los márgenes de las corrientes culturales dominantes comenzó a ensalzar esta película por supuesta incorrección política o por visibilizar a la "Alt-right" americana, lo cual inmediatamente movilizó a las huestes de los medios más progresistas del panorama americano que iniciaron una campaña en la que subconscientemente no atacaban al film en si mismo, sino a lo que ellos pensaron que era su nicho de audiencia mayoritario. En otras palabras, como reacción a un intento de una parte de la derecha americana de apropiarse de esta película, la izquierda inició una guerra ideológica contra una película sin nigua necesidad y en la que no había más enemigo que el que ellos se habían imaginado y que posteriormente, además, perdieron, en una desquiciada reacción a una obra cultural que en buena medida no pusieron interpretar porque se salía de los cánones que un estadounidense promedio es capaz de procesar como aceptables. Como cualquiera que haya seguido este caso recordará, numerosos medios alertaron de los más que probables atentados y tiroteos que podrían ocurrir. Un mes después y habiendo la cifra de tiroteos relacionados con esta película escalado hasta la estremecedora cifra de 0, quizá la verdadera pregunta no sea si el Joker es o no una película demasiado subversiva, sino en manos de qué clase de "profesionales" dejamos la labor de comunicar la información y conformar nuestras opiniones.

Ahora, un mes y medio y 1.000 millones de Dólares recaudados después, podemos decir que si algo hemos sacado en limpio del fenómeno cinematográfico del año son dos cosas, por un lado, que la capacidad de Hollywood de sorprendernos de vez en cuando con una película que no está hecha en el mismo molde que "inserte título de la película de le venga a la mente" sigue ahí, sobreviviendo contra viento y madera y por otro, que hacer una obra para la que buena parte de la audiencia no está preparada puede tener sus riesgos, pero también sus beneficios, y si no que se lo digan al amigo Joker, que viendo su cuenta bancaria ahora mismo, fue el que sin duda rió el último en toda esta historia.

domingo, 10 de noviembre de 2019

"Fleabag", Erich Fromm y la crisis de la generación millennial.




Si algo hemos notado los que seguimos con cierta atención el mundillo de la TV recientemente es el meteórico ascenso de Phoebe Waller-Bridge. No todo el mundo pasa de hacer monólogos en clubs de comedia a co-guionizar una peli de 007 y firmar un acuerdo millonario con Netflix en 5 años, y sin duda el hecho de que ella lo haya logrado implica que hablamos de una cineasta de gran talento. No obstante, par tratar el tema de esta entrada vamos a permitirnos dejar de lado su conocido éxito "Killing Eve" y centrarnos en el trabajo que la hizo conocida a nivel internacional en primer lugar, la modesta comedia dramática producida por la BBC y distribuida en España por Amazon Video "Fleabag". Como es comprensible, cualquiera que esté ahora leyendo esto pensará ¿Y qué tienen que ver las desventuras de una joven londinense con un psicólogo alemán de la primera mitad del s. XX?

Para responder a esta pregunta, hemos de entender primero qué es y de donde viene "Fleabag". En la serie, la protagonista (interpretada por la misma Waller-Bridge) es una joven treintañera que vive en Londres, una de las ciudades más cosmopolitas y dinámicas del mundo, es una emprendedora y tiene su propio negocio, al tiempo que disfruta gracias a su soltería de una interesante y activa vida sexual y romántica. Lamentablemente, si bien todo lo que acabo de decir es "técnicamente" cierto, la pobre Fleabag vive en la "Cara B" de esta vida idílica. El vivir en Londres implica que casi no puede pagar los elevados costes del alquiler y apenas puede permitirse un viejo y pequeño apartamento en un barrio poco deseable, su negocio es una cafetería ruinosa que genera más deudas que beneficios y que hace que su dueña esté permanentemente al borde de la bancarrota, y su vida romántica se caracteriza por acostarse con una sucesión de gañanes palurdos (probablemente portadores de ETSs) con los que uno no iría ni a cobrar una herencia. Sus relaciones familiares son más tóxicas que otra cosa y su única amiga ha fallecido a causa de un suicidio. ¿Apuesto a que ahora su vida no parece tan apetecible no?

Si bien Fleabag es la serie más conocida en abordar la temática de una generación de treintañeros desencantados con su vida, atrapados en trabajos sin futuro y malpagados, y con relaciones de pareja inestables y destructivas, no es ni con mucho la primera. Así, tenemos el ejemplo de "Insecure", en la que se sigue la vida de Issa, una joven afroamericana de L.A que trabaja por un sueldo irrisorio en una ONG contra el racismo y en la que, paradójicamente, ella es la única persona negra mientras que su vida sentimental se desmorona, "Master of none" en donde Aziz Ansari interpreta a Dev, un aspirante a actor neoyorquino de 30 años y ascendencia hindú que atraviesa una profunda crisis existencial al ver cómo su carrera se compone de diversos trabajos de poca monta y mal pagados mientras que sus continuos fracasos amorosos acrecentan su sensación constante de soledad, o "Love", en donde la joven pareja formada por Gus y Mickey se enfrentan a los desafíos de crear una relación sentimental sólida en la era del Tinder. La particularidad de Fleabag tal vez resida en que en este caso la crítica a todas estas cuestiones es más caustica que en las otras.

En todas estas series, dejando a un lado las particulares características de cada una, nos encotramos con un tema constante, la angustia de toda una generación ante un estilo de vida en el que las estructuras que permitían a los individuos configurar su identidad y encuadrarse dentro del mundo se han diluido sin nada que las reemplace. Tal como explica el archiconocido filosofo Zygmunt Bauman a través de su concepto "modernidad líquida", hemos pasado de una sociedad en la que lo habitual era tener trabajos estables en una empresa a trabajos, muchas veces en profesiones liberales o como autónomos, (o freelance, como dice el tipo de persona que toman café en Starbucks) de duración mucho más corta y generalmente condiciones mucho más inestables y precarias. De una sociedad en la que lo normal era establecer relaciones sentimentales y afectivas estables y de larga duración a una vida amorosa basada en diversas relaciones de corta duración y en pasar tropecientos perfiles de Tinder un Sábado a las 2 de la mañana hasta tener algún match (pardiez, ya al escribirlo suena triste, imagínese usted el vivirlo en primera persona). Una sociedad en donde nuestra identidad y valor se basa casi exclusivamente en nuestro rol como consumidores.

Puede que esto que acabo de describir suene como un panorama bastante oscuro, pero no siempre fue así. Los que nacimos hace más o menos 3 décadas y crecimos durante el optimismo ingenuo de la economía postindustrial de finales de los 90 y los primeros 2000 recordamos cómo constantemente se vendía a toda una generación la inestabilidad laboral como una oportunidad para reinventarse y ser creativo en el trabajo, la sustitución de los lazos sentimentales, familiares y humanos estables y de larga duración por relaciones breves y sin un compromiso duradero como una oportunidad de disfrutar de la propia sexualidad de forma desinhibida y hedonista, o el consumismo puro y duro como la vía por excelencia de autorrealización en un mundo en el que la propia identidad ya no se construía sino que se compraba. En las escuelas se educaba a los jóvenes para preparase para "los trabajos del futuro" que "todavía no existen", una lástima que nadie nos avisara también de que esos trabajos del futuro pagarían 5 euros la hora. Era por aquellos tiempos en los que no se dudaba en deconstruir cualquier estructura que no encajara en esta realidad permanentemente cambiante y en constante movimiento manteniendo una fe inquebrantable en un futuro perfecto que nunca terminaba de llegar. Quizá el mejor testamento a esta época sea el título de la archiconocida obra de Francis Fukuyama "El fin de la Historia y el último hombre" en el que el autor venía a afirmar que la sociedad posmoderna Occidental había llegado a un nivel tal de perfección que las estructuras anteriormente citadas se habían quedado obsoletas. Creo que todos coincidiremos en, después de "Estoy seguro de que Fernando VII será un gran rey", esa es posiblemente la frase que peor ha envejecido de la historia.

Volviendo así al título de la presente entrada y a la buena de Fleabag, ¿Cómo encaja una joven londinense en todo este desaguisado? Para ello hemos de mencionar a Erich Fromm y su tesis de "Libertad Negativa" vs, "Libertad Positiva" expuestas en su popular obra "El miedo a la libertad". En este libro (el cual tengo la impresión que la propia Waller-Bridge ha leído o al menos conoce de primera mano, y en caso de que no sin duda debería leerlo porque teniendo en cuenta su trabajo como guionista estoy seguro de que disfrutaría profundamente de su contenido) el autor alemán expone cómo a su forma de ver existen dos tipos de libertad que un individuo o una colectividad pueden ejercer. Por un lado está la libertad negativa, la cual, cómo su nombre indica, consiste en la decostrucción y eliminación de todos aquellos elementos que puedan de alguna forma limitar la independencia del comportamiento humano (desde la religión o las ideologías a las nacionalidades, las estructuras familiares, etc.), Fromm entiende que a lo largo de los siglos las sociedades humanas han creado numerosas superestructuras que de una forma u otra han limitado la libertad humana y condicionado nuestro comportamiento y que desde la implantación del estado liberal dichas estructuras han venido sufriendo un acelerado proceso de deconstrucción. En otras palabras, durante los últimos 200 años las sociedades humanas (al menos las occidentales) han venido a eliminar todas aquellas realidades que cohartan la libertad humana.

Por su parte, su concepto de libertad positiva viene a describir el proceso por el cual los individuos, ejerciendo nuestra libertad, edificamos activamente estructuras que, rellenando el hueco de aquellas que han sido previamente desmanteladas, nos permiten definir nuestra identidad y encuadrarnos socialmente. Para el bueno de Erich ambas debían de trabajar conjuntamente para que la libertad pudiera ser una fuerza creativa que además de cortar las cadenas que limitan la libertad humana permitieran a las personas crecer y desarrollarse individual y socialmente, pero lamentablemente observa que generalmente el la mayoría de casos tiende a darse sólo la primera sin que la segunda esté ni se le espere, siendo esto especialmente peligroso por el hecho de que, dado que para el autor el ser humano tiende a sentir un temor innato a la libertad absoluta por el sentimiento indefensión y desconexión con otros inherente a la misma, puede llevar a que se busquen soluciones ràpídas para solventar esta ausencia de estructuras que permitan a grandes cantidades de individuos configurar su identidad y su sentimiento de permanencia a un grupo en incluso llevar a grandes cantidades de personas a adscribirse a grupos o ideologías esencialmente destructivas, autoritarias o liberticidas como forma de solventar la crisis existencial causada por la libertad negativa (y teniendo en cuenta que Erich Fromm era un alemán de origen judío que vivió en Alemania en la primera mitad del s. XX y que escribió esta obra en 1941, creo que todos nos podemos imaginar qué ejemplo concreto de ideología autoritaria tenía en mente.)

Así pues, y evidentemente salvando las distancias con el contexto histórico que le toco a Fromm, analizar la realidad de la generación millenial representada a la perfección en las desventuras de Fleabag nos ofrece un ejemplo de libro del conflicto libertad positiva vs libertad negativa. Fleabag, es hija de una sociedad en la que, tal como decíamos antes, las estructuras supraindividuales están tan profundamente deconstruidas que en teoría su libertad es ilimitada. No obstante, tal libertad se muestra estéril a la hora de permitirle a la protagonista de esta serie construir su propia identidad y definirse a sí misma así como una forma consistente de relacionarse con el mundo. Si bien Fleabag goza de una total libertad negativa (en tanto que no parece existir ninguna fuerza externa limitando sus acciones en ningún momento) carece de cualquier clase de oportunidad de canalizar dicha libertad de forma creativa para construir algo que le permita a nivel profesional, social o personal, crecer y autodefinirse como individuo (y en el mismo membrete que Fleabag están, evidentemente, el resto de protagonistas antes mencionados).

Tampoco ayuda el hecho de que se observen en estas series que los intentos posmodernos de estructuras supraindividuales adolezcan de profundas disfuncionalidades. Así, uno de los temas recurrentes en Fleabag es cómo nuestra protagonista en varias ocasiones participa en ciertas organizaciones o actos de carácter feminista que paradójicamente tienen el resultado de que el personaje interpretado por Waller-Bridge se sienta como una "mala mujer" e incómoda consigo misma. Un claro ejemplo está en uno de los episodios de la primera temporada en la que acompañada de su hermana acude a un retiro feminista para mujeres en el que impera la prohibición de hablar para todas las participantes en ningún momento (evidentemente, tanto ella como su hermana rompen esta regla más de una vez) lo cual suena para cualquiera que venga del planeta llamado "Sentido común" como totalmente contrario al mero concepto de empoderamiento femenino (y por si no fuera así, la serie se encarga de dejarlo bastante claro). Otro ejemplo lo vemos en Insecure, cuando nuestra protagonista Issa forma parte de una ONG que en teoría trabaja para ayudar a población pobre afroamericana de los barrios menos buenos de L.A pero en la que ella es la única persona negra y observa cómo, capítulo tras capítulo, sus compañeros de trabajo y su jefa (todos ellos gente blanca de alto poder adquisitivo y tendencias políticas moderadamente progresistas) desestiman sus ideas a pesar de ser notablemente superiores y hacen gala de una condescendencia y un sutil sentimiento de superioridad sobre las personas por las que en teoría están trabajando, generando en torno a la protagonista un ambiente repleto de nimios y casi imperceptibles pero a la vez evidentes prejuicios sociales y raciales entre los que se supone están ayudando a aquellos menos favorecidos. Si observamos el resto de las series nos encontramos con situaciones similares, no siendo necesario ser un genio para comprender que si algo se refleja ahí es cómo las superestructuras "nuevas" que la sociedad postindustrial ha formado para de alguna forma intentar llevar este vacío caen por su propio peso.

Una ONG de gente con severos prejuicios raciales y socioeconómicos o una organización que lucha por la igualdad a base de prohibir a las mujeres hablar no son meros oximorones, sino también una crítica a estas estructuras supraindividuales que si bien a un nivel muy superficial parecen resolver la disyuntiva entre libertad negativa y positiva a base de ofrecer la oportunidad de formar parte de un conjunto que no busca (en principio) replicar las tensiones, limitaciones y desequilibrios del pasado, terminan adoleciendo de similares o incluso peores problemas que aquellas realidades que han venido a suplantar.

Dicho todo esto, nos encontramos ante el típico momento en el que alguien puede preguntarse ¿Y no crees, Roberto, que quizá estás leyendo demasiado entre líneas? ¿O proyectando cosas que tú mismo piensas en una serie que en realidad no dice eso? Durante la primera y gran parte de la segunda temporada de Fleabag podría ser ese el caso, pero los últimos capítulos de la segunda temporada terminaron de confirmarme que estaba en la dirección correcta. En la segunda temporada asistimos [ATENCIÓN: SPOILERS MASIVOS] a la historia de amor entre Fleabag y... un sacerdote (evidentemente un sacerdote anglicano, que a diferencia de los católicos estás autorizados a casarse y tener relaciones con mujeres, solo faltaría que no se les permitiera esta licencia teniendo en cuenta que básicamente su religión existe porque el gordo seboso borracho baboso asqueroso y depravado de Enrique VIII quiso cometer un adulterio legal). Por si esto fuera poco, en uno de los episodios finales asistimos a uno de los monólogos más dolorosos de toda la serie, en el que la propia Fleabag dice textualmente al hombre al que ama: "Quiero que alguien me diga qué ropa ponerme cada mañana. Quiero que alguien me diga qué comer. Qué debe gustarme, qué he de odiar, qué me debe hacer enfurecer. Qué escuchar, qué banda me gusta. Para qué comprar entradas. Sobre qué bromear, sobre qué no bromear. Quiero que alguien me diga en qué creer. A quién votar y a quién amar y cómo decírselo. Creo que sólo quiero que alguien me diga cómo vivir mi vida, padre, porque hasta ahora creo que no he sabido cómo hacerlo". (clip al final)

Evidentemente, esto no ha de interpretarse como un deseo por parte de Fleabag de vivir en una suerte de surrealista estado totalitario en el que hasta el más insignificante de los aspectos de su vida esté regulado, sino una respuesta emocional a un estilo de vida en el que se han eliminado todas las grandes estructuras que permitían al individuo crear su identidad y que han dejado a Fleabag, a Dev, a Issa y a toda una generación huérfana de referentes, carente de estructuras sólidas en las que integrarse, de grupos a los que pertenecer, con un pasado que se ha erosionado y un futuro diluido. Mientras que en el último par de décadas la sociedad ha ejercido a la perfección la libertad negativa, deconstruyendo todo aquello que pudiera suponer cualquier tipo de limitación a nuestra libertad individual, nuestra incapacidad para, a través de nuestra libertad positiva, crear nuevas estructuras que, eliminando las contradicciones y disfuncionalidades del pasado, nos permitieran configurar una sociedad funcional, integrada y creativa ha generado un creciente vacío existencial que ahora la cultura de masas empieza a plasmar pero que lleva ya mucho tiempo presente. Ahora bien, no quiero que nadie pueda malinterpretar estas lineas. Como historiador, he visto en numerosas ocasiones a gente cometer el error de idealizar el pasado, de admirar los tiempos en los que una otitis o una apendicitis podían mandarte al otro barrio, en los que se daban crisis de subsistencia de forma recurrente o en los que los líderes no eran electos, y en ningún caso pretendo hacer ahora lo mismo. Precisamente es capital entender que la defensa de la Libertad positiva no busca necesariamente la reconstrucción de las estructuras que ya se han dejado atrás, mas arengarnos a nosotros mismos a entender que igual que para que el mundo avance es necesario destruir lo viejo, también es imprescindible remangarse para construir lo nuevo.





domingo, 27 de octubre de 2019

"El Club de la Lucha", la película que (casi) nadie entendió totalmente.



Cualquier persona que haya pasado más de 20 minutos con algún cinéfilo habrá llegado, irremediablemente, a la conclusión de que el cine es, quizá más que ningún otro arte, un campo abonado para las más fervientes discusiones e interpretaciones filosóficas. Prácticamente cualquier película, por simple que parezca a simple vista, tiene, si se busca lo suficiente, alguna lectura política, sociológica, histórica, de género, etc. que daría para llenar unas cuantas páginas (En su archiconocida obra de 1994 "Hard Bodies" Susan Jeffords se las arregló para hacer un profundo análisis sobre el impacto social y psicológico a nivel individual y familiar del neoconservadurismo americano de era Reagan a través de la película de Schwarzenegger "Poli de Guardería", así que imagínese usted si en lugar de esa hubiera elegido una película que fuera buena). No obstante, en ocasiones los astros se alinean para generar una película en la que las cuestiones susceptibles de un análisis profundo son tan evidentes y a la vez tan complejas que permiten dar munición a cientos, si no miles, de personas a la hora de realizar interpretaciones y lecturas varias de las mismas. Y de todos estos títulos que enriquecen tanto el mundo del cine, hay uno en especial que, desde que se estrenara hace justamente 20 años, ha estado omnipresente en cualquier discusión de cine mínimamente elevada. Hablo ni más ni menos que de la obra maestra de Fincher protagonizada por Edward Norton, Brad Pitt y Helena Bonham Carter "El club de la lucha" (a pesar de estar basada en un libro, el presente análisis se va a concentrar únicamente en el contenido de la película y no necesariamente en la novela de Chuck Palahniuk en la que se basa dadas las notables diferencias entre ambas obras.)

Lamentablemente, en el caso de esta película en concreto cantidad no necesariamente ha sido sinónimo de calidad y por lo general las interpretaciones que se han hecho de la misma adolecen de no ver el significado mismo de la cinta y en muchos casos de reflejar más bien las tendencias ideológicas de la persona haciendo el análisis que la película en si misma. No ayuda el hecho de que los diferentes análisis de esta película hayan evolucionado a lo largo de estas dos décadas junto con los diferentes contextos sociopolíticos que se han venido sucediendo. Así, allá por finales de los años 2000, cuando el que suscribe la vio (y la debatió) por primera vez, Tyler Durden era visto por los jóvenes de izquierdas como todo un referente que luchaba contra el consumismo posmoderno y la alienación inherente al sistema capitalista, mientras que para la gente de derechas no era el personaje interpretado por Brad Pitt más que un hippie piojoso y de tendencias sociopáticas que necesitaba buscarse un trabajo y dejarse de revoluciones absurdas contra un sistema económico que había generado (en aquel momento) un nivel de vida inusitadamente alto en comparación con cualquier generación anterior. Hoy en día, curiosamente, las tornas se han cambiado, y es precisamente desde los análisis más cercanos a la izquierda desde donde se ve ahora a Durden como un ejemplo de individuo extremadamente violento, sin una verdadera motivación política y que personifica una amplia gama de conductas tóxicas (xenofobia, misoginia, un absoluto desprecio por la vida humana, etc.) mientras que los espectadores más conservadores ven ahora en este personaje un rebelde alzándose contra lo políticamente correcto y un sistema que anula al individuo. Una visión más cercana de las diferentes interpretaciones pueden, quizá, ayudarnos a entender esta problemática:

-Interpretación 1: Tyler Durden es un anti-héroe.
La interpretación propia de cualquier adolescente tras llegar a los títulos de crédito. La sociedad es altamente alienante e inhumana y Tyler Durden representa una respuesta contra este sistema, viéndole, por lo tanto, como una suerte de líder revolucionario que representa al hombre de a pie contra los poderes políticos y económicos que rigen nuestra voluntad. Aunque atractiva, esta explicación se deja en el tintero por qué Tyler Durden crea, para llevar a término su "revolución" un grupo despersonalizado y alienante hasta el extremo en el que sus miembros carecen incluso de nombres, o por qué el grupo de Pitt carece de ningún tipo de ideario social concreto. Más todavía, si se escuchan sus palabras adecuadamente, todo lo que persigue es el generar caos social sin importarle en ningún caso el beneficio o no que estas acciones puedan reportar a la sociedad. Sus acciones buscan casi en exclusiva catalizar su repulsa hacia la sociedad de consumo, las normas sociales burguesas y las grandes empresas sin buscar, por el lado contrario, la implantación de ningún sistema alternativo que sustituya al existente (un ejemplo de libro de la contradicción entre libertad positiva y libertad negativa de Erich Fromm, pero de este hombre hablaremos más adelante cuando analicemos la recientemente galardonada serie “Fleabag”). Así pues, la crítica a esta interpretación lleva a entender que Durden más que un liberador es, como mucho, un terrorista al borde de la paranoia y con un trastorno narcisista de la personalidad que busca usar palabrería barata para justificar sus arrebatos de violencia.


-Interpretación 2: Tyler Durden es un villano.
Según esta visión de la película, Tyler Durden personifica una serie de comportamientos tóxicos latentes en la sociedad que se manifiesta a través de la realización de actos violentos en los que su búsqueda de un cambio social es meramente superficial y esconden lo que en la práctica es la creación de un grupo terrorista filo-fascista. Esta lectura se ve a Durden como una metáfora de cómo al violencia puede ser profundamente dañina para la sociedad y de cómo un individuo con una personalidad carismática es capaz de atraer a grandes grupos de personas aparentemente normales y encuadrarlas dentro de un sistema totalitario e hiperviolento (Un día hablaremos de películas en las que se pone la capacidad de juicio de la audiencia a prueba a través de uno o varios protagonistas que presentan de forma carismática y atractiva ideas cuanto menos cuestionables y de cómo, por ejemplo, en los 90, "Starship Troopers" logró que cantidades enormes de personas apoyaran sin saberlo principios Nacionalsocialistas, pero eso es harina de otro costal). No obstante, esta teoría, expresada por la autora británica Laurie Penny, también hace aguas por ciertos lados. Por ejemplo, es suficiente con hacerse esta pregunta ¿De cuantas muertes es directamente responsable Tyler Durden durante todo el film? La respuesta está entre 0 y 1 dependiendo de cómo se sienta el lector sobre el triste destino del pobre Robert Paulson. Por comparación, ¿De cuantas se puede culpar a Edward Norton, contrapunto sobre el papel de Durden y ejemplo perfecto de civismo? Bien, pues ni corto ni perezoso el bueno de Norton colabora en la muerte de varios miles de personas sólo en los 15 primeros minutos de película (Él mismo lo explica, cómo su trabajo consiste en evaluar los accidentes mortales causados por un problema de diseño en los coches fabricados por la empresa para la que trabaja, pero cómo gracias a sus informes, a pesar de que es algo que se podría solucionar con una mera llamada a fabrica para modificar ciertos componentes, la empresa decide no hacerlo porque dejar morir a miles de personas cada año es más rentable). Igualmente, durante todo el primer acto, cuando asistimos a las reuniones de autoayuda, podemos observar cómo la realidad social aparentemente perfecta del consumismo ha generado una sociedad en la que las enfermedades mentales como la depresión o las tendencias suicidas se han normalizado. En otras palabras, si bien es cierto todo lo que se critica al personaje de Durden, no es menos cierto que la sociedad que se da a entender como normal adolece de una serie de disfuncionalidades profundamente dañinas que se han aceptado sin embargo como una parte inherente de la vida (el hecho de que como espectadores nos escandalicemos cuando Durden pretende volar unos cuantos edificios vacíos pero veamos normal que una empresa de vehículos prefiera que miles de personas mueran calcinadas en sus coches para ahorrarse algo de dinero es bastante significativo.)


Así pues, después de todo este lío y de las ambigüedades deliberadas del guión, se preguntará el lector qué demonios debe de sacar en limpio de esta película. Bien, para responder a esta pregunta entiendo que lo más adecuado es ir paso a paso observándola. Durante el primer acto, vemos al narrador (Norton) describiendo lo horriblemente aliente y emasculante de su vida como empleado de oficina de una gran empresa. Sin necesidad de ser un lince se aprecian aquí dos temas que luego serán una constante a lo largo de la película, esto es , la crisis de la masculinidad y la alienación de la sociedad de consumo. En referencia a la primera, no es baladí que se relacione esta con el consumo innecesario de la vida americana moderna ya que históricamente ambas están íntimamente relacionadas. El concepto de crisis de la masculinidad surge en los años 50 en EEUU a raíz de las transformaciones socioeconómicas de la posguerra. El expansionismo industrial americano conlleva una serie de transformaciones como el aumento de las exportaciones, la creación de grandes empresas en prácticamente todos los sectores económicos, el éxodo rural, etc. Y en este contexto surge una generación de varones que experimentan estos cambios de primera mano. Hombres que pasan de tener un trabajo en el que gozan de una cierta autonomía a ser empleados asalariados en un cubículo de la planta 55 de cualquier edificio, de ser propietarios de sus casas a pagar un alquiler a un dueño por un piso. De poder desplazarse libremente a ser dependientes de los horarios de transporte público o los atascos de las calles. De producir con sus manos bienes y servicios de valor para su comunidad a pasar horas (y años) rellenando informes que posiblemente nadie llegaría a leer nunca). Si bien a nivel salarial esto no supone un gran impacto, las transformaciones económicas y el alzamiento de los trabajos de cuello blanco como eje de la economía moderna sí suponen una cuantiosa merma en la capacidad de autonomía laboral (baste para eso hacer una pequeña comparativa, prácticamente todos los trabajadores del sector siderúrgico que conozco están afiliados a algún sindicato, pero rara vez he conocido a algún trabajador de oficina sindicado. ¿Casualidad? No lo creo). Así pues, en aquella época la cuestión de la crisis de la masculinidad se aborda desde la pérdida de identidad que supone para los varones americanos la aceptación de este nuevo sistema (máxime viniendo de la etapa del New Deal que perseguía precisamente todo lo contrario, el empoderamiento del pequeño-mediano propietario a través de su independencia económica, al menos siempre que fuera blanco, pero eso ya es harina de otro costal.) y se estudiaba desde un prisma muy diferente al actual, ya que se temía que este sustrato pudiera poner en riesgo la capacidad de producción y consumo del capitalismo post-segunda guerra mundial y por ello limitar el crecimiento ilimitado que se esperaba que se generara durante el resto del siglo (si, ha leído usted bien, en los años 50 se consideraba que la capacidad de crecimiento económico era potencialmente ilimitada. 4 Grandes crisis económicas después la ingenuidad de esta afirmación es sonrojante cuanto menos.) La respuesta a esta cuestión nos lleva directamente al segundo punto, el papel social del consumismo en la sociedad americana (y por extensión occidental) del último medio siglo (se que me estoy desviando demasiado del tema, pero confíe en mí, estoy a punto de volver a lo que nos interesa, todo esto va a tener sentido en un par de párrafos).

Theo Adorno (al igual que el resto de la escuela de Frankfurt) estudió, entre otras cosas, el impacto de la sociedad de consumo en la vida americana, llegando a la conclusión que dicha sociedad de consumo había sido profundamente exitosa en la creación de un sistema totalitario en el que, a través del consumo masivo y de la industria cultural (esto es, grandes empresas creando contenidos culturales y de ocio que refuerzan la alienación social, moldean la idiosincrasia de la población y reducen la capacidad de crítica social de sus consumidores, como por ejemplo, cualquier película hecha por Disney o sus filiales a lo largo de toda su existencia) se reducía cualquier disonancia dentro del sistema. Siguiendo este análisis Alvin Roffer crearía en los 80 el término "Pronsumer" (traducido castizamente como "pronsumidor" lo cual, lamento decirlo, suena como un crimen al castellano) refiriéndose a cómo este modelo económico ha creado una gran masa de individuos en los cuales la linea entre consumidor y productor están totalmente desdibujadas y en las que consumir es un acto tan importante como el de producir (ya que el uno no puede existir sin el otro) y en el que el tiempo que una persona no está trabajando sigue siendo parte de la rueda de la economía a través de un ocio que está igualmente mercantilizado, mientras que este consumo permite al individuo crear una identidad propia al suplantar mediante el consumo otras estructuras identitarias cada vez más erosionadas (¿Que cada vez existen menos unidades familiares como tal o que debido a la globalización el concepto de identidad nacional está más diluido que nunca y eso le causa al individuo una crisis existencial? No importa, ya que ahora por el módico precio de 899 € puedes comprar un Iphone y pertenecer a la familia/nación de Apple! ¿¿¿No es genial??? Eso sí, buena suerte tratando que la familia Apple te apoye si tienes depresión o te cuide cuando seas viejo/a.) La tesis de Adorno era que este sistema, a la postre, eliminaba en muchos sentidos la capacidad personal de decisión y encuadraba a grandes cantidades de personas dentro de un sistema inflexible al cual la voluntad individual se ve supeditada. Quizá lo más interesante sería su observación de cómo a diferencia de lo que pasa en sistemas autoritarios tradicionales, no es necesaria la existencia de ningún tipo de coerción en acto o potencia como podría ser en caso en un régimen totalitario, sino que esta es ejercida en buena medida por el propio individuo, que se autovigila y se modela a si mismo para encajar en dicho sistema, dándose así la paradoja que una aparentemente menor opresión externa por parte de los poderes políticos y sociales conlleva una mayor opresión interna del propio individuo. Posteriormente, Foucault reciclaría parte de estas ideas para su archiconocida teoría del Panóptico (sí, empezar hablando de una peli de Brad Pitt y terminar hablando de Foucault, cosas que le pasan a uno.)

Volviendo a la película en si misma, si analizamos todo el primer y parte del segundo acto nos encontraremos con una acertada representación de estos elementos. Así, el narrador, Edward Norton, busca a través del consumismo más superficial y vacío una fórmula para conformar una identidad propia. Lamentablemente, esto no hace sino lo contrario, aumentar su crisis existencial ya que el propio Norton, como buen pronsumidor (madre mía, odio esa palabra) necesita de estar en un constante ciclo de vacío existencial que alimente su consumismo y, a la vez, su dependencia de su trabajo de chupatintas de cuello blanco haciendo informes inútiles sobre cómo los coches de su empresa calcinan vivas a las personas que tratan de conducirlos, acrecentando así su sentimiento de alienación y su necesidad de seguir consumiendo para llenar el vacío que... bueno, creo que se ha entendido. La erosión de roles tradicionalmente masculinos (roles que, casualmente, no encajan demasiado bien con el capitalismo pos-segunda guerra mundial como ya hemos visto) y la paradoja que se da al vivir en una sociedad en la que no sólo se interrelaciona esta crisis de la masculinidad con la pérdida de libertad ante la sociedad de consumo sino que también existe una penalización social por el abandono de tales roles tradicionales es lo que de alguna forma define la angustia de unos personajes que se ven al mismo tiempo fagocitados por un sistema en el que su identidad se desdibuja sin que dicho sistema sea capaz de proponer alternativas a la formación de su identidad de manera constructiva y no mercantilizada. Si bien los ejemplos de esto en el caso de Norton son sutiles y en parte interpretables, son mucho más evidentes en el caso de Robert Paulson (del que ya hemos hablado dos veces a pesar de que sólo tiene 5 minutos de metraje en toda la película, demostrado que es cierto eso de que no hay roles menores, sólo actores mediocres, y el bueno de Marvin Lee Aday no es uno de ellos) el cual, mientras cumplía con los roles masculinos tradicionales (era un boxeador profesional, pocas cosas se me ocurren que encajen más con la definición tradicional de hombre) gozaba de una buena posición social, familiar y económica, pero una vez que, a causa de una enfermedad, abandona estos roles, pierde su fuente de ingresos y, al no poder cumplir su rol tradicional de hombre proveedor, es abandonado por su familia y rechazado por la sociedad (lo cual me recuerda un dato estadístico muy interesante, en EEUU es estadísticamente más probable que un divorcio ocurra por problemas de dinero que por una infidelidad de alguna de las partes, pensemos qué dice eso de nuestra sociedad por un minuto... bien, sigamos.)

Llegados a este punto, hace acto de aparición nuestro amigo Tyler Durden, y si lo observamos con atención, este se define por oposición a prácticamente cualquiera de las características que definen al buen pronsumidor (me odio a mi mismo cada vez que uso esa palabra, lo juro). Es propietario de una gran casa que carece de muchas mejoras y comodidades modernas, tiene un trabajo artesanal (fabricando jabones) en el que él conserva toda la plusvalía, reniega de cualquier tipo de consumo, sobre él la publicidad no tiene ningún impacto. Durante el primer tramo de la película, Durden se presenta como un carismático amigo que a través del cuestionamiento perpetuo de las normas sociales, lleva al narrador en un viaje de autodescubrimiento en el cual el Club de la Lucha como tal sirve como catalizador para que el personaje de Norton se cuestione la validez del sistema en que ha estado viviendo y, lo que es más importante, le de algo que dicho sistema no podía darle, el sentimiento de pertenencia a un grupo y una identidad con la que llenar su vacío existencial. Tras años comprando mierda de Ikea, por fin su vida adquiere un significado con algo tan básico como romperle la cara a Jared Leto. Lamentablemente, si la película terminara ahí evidentemente estaría incompleta, y en la segunda parte descubrimos que Durden está creando una milicia terrorista de corte fascista (y como buen historiador, "Fascismo" no es un término que use a la ligera, cuando lo uso lo hago con toda la intención.) con la que pretende crear una serte de revolución, el "Proyecto Mayhem".

Se reconocen en Durden numerosos rasgos del autoritarismo fascista, como pueden ser el hipermilitarismo apoyado en mensajes que llevan a la exaltación y a la actuación cortoplacista e inmediata, el uso genérico de la violencia como herramienta política (toda realidad política tiene un trasfondo de violencia más o menos potencial, incluido el benévolo estado del bienestar por ejemplo, pero en el caso del fascismo es destacable el peso que adquiere esta violencia en acto y como herramienta ordinaria.) el culto a la personalidad del líder, el cual tiene una autoridad superior a cualquiera de los organismos del movimiento en cuestión (a diferencia de lo que ocurre en otros sistemas autoritarios, como la URSS, en la cual líderes como Kruschev o Breznev estaban en buena medida supeditados a organismos generados por el propio sistema, como el KGB o el propio partido.) Esta descripción, evidentemente, encaja a la perfección con Daenerys Targary... perdón con Tyler Durden (lo de Danny y el fascismo ya lo hablaremos en otra entrada que también tiene mucha tela que cortar) y por lo tanto genera una interesante paradoja: ¿Cómo puede ser que el individuo que venía a liberarnos de un sistema opresivo termina, a la poste, creando su propio sistema opresivo en el que la libertad individual termina tan aplastada que ni sus miembros conservan su nombre?

Para dar respuesta a esto, no hay más que mirar a una interesante metáfora que es fácil que pase inadvertida (yo únicamente la descubrí gracias al brillante vídeo de Youtube que el canal Wisecrack hizo de esta peli, link al final) pero que da sentido a toda la obra. Al principio somos introducidos a un grupo de autoayuda hombres que han sido castrados por una cuestión médica y que a causa de ello han perdido a sus parejas y familias, su posición social, su salud mental, etc. A un nivel más amplio, lo que vemos son hombres que a través de la sociedad moderna han sido emasculados, con todas las consecuencias negativas a nivel social y personal. Durante el tramo final de la película, Norton es amenazado numerosas veces por los miembros del proyecto Mayhem con ser literalmente castrado si se opone a sus planes. ¿Nota usted el detalle? Ambos sistemas, la sociedad de consumo y la milicia de Durden, terminan resultando profundamente castrantes con todas las consecuencias inherentes a ello, porque en ello se basa precisamente la anulación del individuo, la supresión de la capacidad de ejercer un criterio individual y, por lo tanto, la supervivencia de dicho sistema. Y a la postre, de una forma u otra, ambos sistemas se alimentan de eso, de individuos que sistemáticamente rechazan su individualidad (bien sustituida por el mero consumismo bien abandonádola a cambio de la pertenencia a un grupo). Ambas realidades llevan a una inexorable conclusión, la destrucción del individuo.

Si Tyler Durden resulta particularmente atractivo para una parte de la audiencia se debe a que su carisma y sus mecanismos de atracción, como buen líder autoritario, funcionan extremadamente bien y, por otro lado, porque su acertada crítica al sistema del capitalismo tardío, el cual ha logrado exitosamente apropiarse de la mayoría de corrientes antisistema para, generando una ilusión contestataria, convertirlas en movimientos absolutamente inocuos, cala a la perfección en una generación post Gran Recesión que ha visto la cara oculta de la sociedad de consumo y el "crecimiento ilimitado". No ayuda la polisemia temática de algunas partes de la película (por ejemplo el monólogo de "somos una generación de hombres criados por mujeres" el cual no ha de entenderse de modo literal como una crítica misógina, sino más bien como una reflexión sobre la confrontación entre masculinidad tradicional y capitalismo moderno.) o que esta crítica a veces sea ladina y se esconda en los detalles (la adorable escena en la que Durden y el Narrador van por la calle destruyendo retrovisores de coches y si bien deciden perdonar a los vehículos de clase obrera descargan su furia contra un "New Beatle", símbolo del postureo de los 90 y producto de una despiadada mercadotecnia que mercantiliza hasta nuestra nostalgia.). Los mecanismos que hacen que una parte importante de la audiencia de la película adopte a Durden, a pesar de que sus acciones claramente le hacen ser un antagonista, como un héroe, son los mismos que llevan a que grandes grupos de personas apoyen a líderes autoritarios, siendo quizá el éxito de Durden entre los usuarios de Reddit el más evidente ejemplo de "Ley de Poe". Paradójicamente, la crítica irreflexiva hacia el personaje de Pitt causa en ocasiones pasar por alto lo profundamente tóxico que a varios niveles presenta la sociedad que habitualmente se considera como "normal".

Y entre medias se encuentra el personaje del Narrador interpretado por Norton. Al igual que el espectador, se encuentra entre el rechazo la opresiva, anularte y destructiva vida como un pronsumidor (gracias a dios que esta es la última vez que uso este palabro) y la oposición al autoritarismo militarista y terrorista de Durden, que pretende destruir la sociedad para, patológicamente, crear un sistema igual de opresivo para el individuo. Así que quizá, sólo quizá, en lugar de debatir sobre quien es el bueno y el malo y cual de las dos castraciones es más deseable, entender esta película implique reflexionar sobre cómo independiente de sus características exteriores, cualquier gran sistema social siempre va a tender a aplastar al individuo y por lo tanto este ha de estar intelectual y físicamente preparado para cuestionarlo (hasta en las cuestiones más sacrosantas, que a la larga tienden a ser las más problemáticas) ya que en eso radica su mera supervivencia como individuo.

O quizá yo esté equivocado también y la interpretación sea otra, al fin y al cabo eso es lo genial de las películas, pueden significar una cosa diferente para cada persona que las vea...



domingo, 19 de abril de 2015

La omnipotente medicina del mañana

Hace un par de semanas asistí al I Congreso de Estudiantesde Medicina de la Universidad de Oviedo en el que, aparte de salir con la motivación de ver más de un centenar de estudiantes llenando el salón de actos del nuevo HUCA –que parece que le cuesta dar sentido a la U- en un Congreso amplísimo, con muy diversas actividades y charlas, organizado por propios estudiantes de la facultad, pude volver a casa dando vueltas a algunas de las cosas que había escuchado allí.

Indudablemente, una de las charlas estrella venía en el nombre de Carlos López Otín, bioquímico este que, por su singularidad en cuanto número, calidad y repercusión de sus publicaciones y trabajos, deja en evidencia el interés que pone la Universidad de Oviedo en el fomento de la investigación. Su exposición trató, resumidamente, de los raudos avances de la investigación biomolecular y su aplicación a la práctica médica moderna de forma que pudiésemos curar el cáncer, trasplantar órganos creados a partir de células madre y manos biónicas y aumentar la esperanza de vida varios años. Juraría que las mentes de los estudiantes allí presentes estuvieron en un momento dado más cercanas a la espicha posterior al cierre del CEMUO –para algo estamos en Asturias- que en la cantidad de datos que aportaba el científico. Pero los ojos se abrían entusiasmados ante los resultados de años de trabajo y millones de euros de investigación en la búsqueda de los mínimos caracteres que nos configuran como los erróneos seres que somos. ¿Quién puede decir que el objetivo de la medicina no sea curar?



Pero para mí, la idílica conferencia me pareció bastante menos importante, tanto desde el punto de vista ético como puramente sanitario, que otras charlas ofrecidas en ese mismo congreso sobre la cooperación internacional (ayuda humanitaria, cooperación al desarrollo) o los riesgos de algunas sustancias de nuestro día a día. Actualmente, en los países occidentales nos gastamos medio millón de euros en llevar a cabo un tratamiento contra el cáncer que puede no llegar a salvar a la persona y, aún salvándola, la dejará en un estado mucho más perjudicado y dependiente, con riesgo de volver a padecer una enfermedad similar. Y es que, a pesar de que la incidencia de enfermedades infecciosas va siendo reducida, son otras patologías las que copan los hospitales: cáncer, infartos, problemas inmunológicos (y esto incluye alergias), etc. El tratamiento de estas enfermedades es mucho más caro, y muchas de ellas son crónicas.

¿Por qué gastamos ingentes cantidades de dinero en operar personas de 90 años para que vivan otros tres o cuatro más cuando estamos pasando por encima de las desigualdades sanitarias que afectan, como mínimo, al 80% de la población mundial; cuando estamos considerando como algo secundario llevar a cabo campañas de prevención de enfermedades, campañas de educación de la sociedad ante la salud; cuando la alimentación que vemos normal nos inyecta auténticos venenos artificiales en sangre que no pueden ser bien analizados e investigados por los impedimentos y barreras del entramado de mafia de empresas y gobiernos? ¿No parece aberrante invertir millones y millones de recursos en investigar métodos terapéuticos que, por su coste, no van a poder aplicarse, ofrecerse, a la sociedad completa de un país, cuando podrían aplicarse a mejorar (o muchas veces, simplemente a proporcionar) estructuras sanitarias a los millones de personas que carecen de ella? ¿Por qué no, al menos, comprender que sale más barato prevenir que curar?


Según avanza la investigación científica, más posibilidades tecnológicas se nos presentan. Sin embargo, el alto coste de tales procesos en el contexto del funcionamiento económico del mundo implicará que, cuanto más específico, complejo y caro sea un tratamiento, a menos gente podrá ser dirigido, más elitista será, y, amores, a ti y a mí nos toca morir.

jueves, 5 de marzo de 2015

Del Creacionismo al Diseño Inteligente - Una breve introducción histórica.

Desde su institución "madre" el Discovery Institute afirman que el origen del DI se remonta a Platón y a Cicerón, quienes defenderían las primeras versiones de éste. Pero dicho postulado aparenta ser un intento más de desligar el origen del DI de las concepciones Bíblicas del Génesis sobre el origen y el desarrollo de las especies, buscando así que parezca una herencia de los primeros referentes de la cultura occidental y fusionar de ésta forma el origen de ambas. Pero entonces...

¿De dónde nace el Diseño Inteligente (DI)?

Puesto que el DI nace, en parte, como respuesta a los avances en el conocimiento científico sobre la evolución y el origen de las especies, para poder entender el origen del DI debemos conocer ligeramente también el origen de la teoría de la Evolución:

A lo largo de los siglos, y en las diferentes culturas del mundo, ha habido múltiples y diversas suposiciones sobre el origen de la vida y la diversidad biológica existente. Pero hasta hace poco menos un par de siglos, no ha habido una búsqueda intensiva de evidencias que falsasen o apoyasen las diferentes teorías. Fue en 1809 cuando Jean-Baptiste Lamark, en su libro Filosofía Zoológica, propuso que las formas de vida no habían sido creadas ni permanecían inmutables, como se aceptaba en su tiempo, sino que habían evolucionado desde formas de vida más simples. Siendo ésta la primera teoría de Evolución biológica. 50 años más tarde Charles Darwin generaba otra revolución al formular la teoría de la selección natural en su libro El Origen de las Especies. Desde entonces ha habido un intenso debate en la comunidad científica en busca de evidencias que apoyasen o falsasen la teoría Darwiniana. Ya en la actualidad y tras muchas correcciones, ampliaciones y síntesis; existe un consenso científico sobre la teoría sintética de la evolución o neodarwinismo.

Pero mientras la comunidad científica discutía las diferentes interpretaciones de las evidencias que iban apareciendo gracias a la investigación. Existía otro debate paralelo en la sociedad occidental. Donde se juntaban intereses, políticos, filosóficos y religiosos junto con un gran desconocimiento o rechazo hacia las evidencias científicas que iban apareciendo. La religión Judeo-Cristiana jugó un papel esencial en dicho debate, pues reaccionaron (y parte reacciona) de continuo a todas las teorías y avances que se iban formulando, defendiendo así las concepciones históricamente hegemónicas sobre la vida y su procedencia. A raíz de éste debate surgió, por contraposición al evolucionismo y dentro de la concepción religiosa, una corriente que, bajo el término Creacionismo, engloba a todas las doctrinas que defienden que las especies tienen un origen independiente entre si y fueron directamente originadas por Dios durante los seis días de la Creación.
Dentro de la defensa de esta idea hay diferentes grados y corrientes que han ido evolucionando hasta llegar a día de hoy a originar el Movimiento del Diseño Inteligente como expongo a continuación:


Fundamentalismo Cristiano (2 y 4)

El fundamentalismo es un movimiento dentro del Protestantismo Americano que proclama que la creencia literal de la biblia (incluido evidentemente el Génesis) es necesaria para ser un buen Cristiano, y solamente la gente que lo hace adecuadamente podrá ser salvado del inminente apocalipsis.
Es un idea muy común pensar que el fundamentalismo fue una reacción al Darwinismo, pero mientras que el Origen de las Especies fue publicado en 1859, el primer panfleto de éste movimiento ya fue publicado en la década de 1830-1840.
Más tarde, ya entre 1910 y 1915 el empresario californiano Lyman Strewrft financió una obra escrita con la que hacer frente a "la nueva amenaza". Esta vez ya si como reacción a la teoría Darwinista. Los doce volúmenes que la formaron llevaron el título "The Fundamentals". La obra, como es fácil de imaginar, tenía un carácter combativo.

El fundamentalismo creció con fuerza en América a principio del siglo XX y fue capaz de causar la redacción de leyes que prohibían enseñar la teoría evolutiva en los colegios. Dichas leyes, conocidas como leyes Anti-evolución, sobrevivieron en Tennessee, Arkansas y Mississipi hasta los años 60.
La aplicación de dichas leyes dieron lugar a casos como "El Juicio del Mono" donde un profesor de escuela secundaria fue acusado, el 5 de mayo de 1925, de enseñar la evolución utilizando un capítulo de un libro de texto que estaba basado en ideas inspiradas en el libro de Charles Darwin El Origen de las Especies. Este famoso juicio alcanzó amplia difusión mediante la obra de teatro Inherit the Wind (La Herencia del Viento) de 1955 inspirada en el juicio, la película de 1960 y versiones de películas para la televisión de 1965, 1988 y 1999.
Hoy en día siguen siendo importantes los boicots de los fundamentalistas en algunos colegios e institutos evitando la difusión o la simple mención de la evolución en las aulas.

Oh No¡
Una vez más has destruido mis hechos científicos con tu conocimiento sobre la Biblia.
Dijo nadie.    Nunca.

Creacionismo científico (4)


Nació alrededor de los años 60, pues cada vez era más patente para algunos creacionistas que tenían que defender los principios del movimiento en el ámbito científico, en el que la evolución estaba cosechando tantos éxitos en esos años. Es decir, conseguir que el creacionismo fuese también reconocido como ciencia: La ciencia de la creación.
Lo denominaron científico porque defendían que la ciencia lejos de refutar los argumentos de la biblia, los apoyaba. Convencidos así de que la ciencia podía afirmar que la tierra tenía tan solo miles de años de existencia, que pudo ser creada en seis días, y que todas las especies existentes en la tierra tuvieron representación en el Arca de Noé. La segunda razón por la que lo denominaron científico fue puramente estratégica, querían influir en el rumbo que estaba tomando la ciencia biológica y además presentar al público que existía una oposición "científica" a la teoría de la evolución y por lo tanto no había consenso entre los expertos en la materia.

En 1963 fue fundada la Creation Research Society por 10 fundamentalistas miembros de la American Scientific Affiliaton, una organización fundada en 1941 para unir la ciencia con el evangelio cristiano. Al contrario que los antiguos fundamentalistas que se mofaban de la ciencia, el Creation Research Institute trató de convencer al público de que la ciencia apoyaba de verdad a la versión bíblica. Consiguieron presentar proyectos de ley en 15 estados para enseñar el "creacionismo científico" como alternativa viable a la evolución. En los últimos 3 casos, Arkansas, Mississippi, y Lousiana, estas leyes llegaron a aprobarse (tan solo hasta ser descubiertas como una introducción de creencias religiosas en la educación y ser eliminadas entonces por inconstitucionales)



Diseño Inteligente (1, 2 y 5)

El Diseño inteligente (DI) nace con la publicación de tres libros, el primero en 1984 fue The mysteri of life´s origins, el segundo libro salió en 1989 y se tituló Of pandas and peoples. Pero ambas obras probablemente hubiesen pasado inadvertidas de no ser por la incursión en el tema de Phillip E. Johnson abogado y profesor retirado de la Universidad de Berkley al publicar el tercer libro del que hablamos en 1991 titulado Darwin on Trial (Juicio a Darwin).
Durante esa primera y breve fase de formación, en febrero de 1990, una veintena de individuos (Incluido Johnson) se reunieron en Oregon para asumir el papel de ser "La Cuña" (The Wedge) que romperá la hegemonía de la cultura materialista en la ciencia contemporanea. Luego la mayoría de ellos serían los miembros fundadores del Movimiento del Diseño Inteligente y de su institución "Madre", el Discovery Institute.
La obra de Johnson tuvo una enorme repercusión y fue revisada en varias revistas prestigiosas como Science (Anónimo, 1991) Nature (Hull, 1991) Journal of Molecular Evolution (Jukes, 1991)...
Pero no fue sino hasta 1996 con la aparición de Darwin´s black box de Michael Behe con su teoría de la "complejidad irreducible" que el movimiento del DI captó el interés masivo de la comunidad científica y de varios filósofos de la ciencia. La razón de esta erupción fue probablemente el hecho de que la obra no solo critica al Darwinismo, sino que a la vez propone al diseño inteligente como alternativa "científica" rival.
Ya en la entrada al siglo XXI se sumó el filósofo y matemático William A. Dembski incorporando un método probabilístico que pretendía discernir entre objetos diseñados inteligentemente "complejidad específica" de los sencillamente creados por azar en su libro The Desing Inference en 1998.
A partir de entonces el DI recomienza una lucha por ser aceptado en el mundo científico como alternativa plausible a la teoría de la evolución queriendo incluso introducirse en la educación. Dembski llegó incluso a afirmar en 2004 en uno de sus libros: "Día a día se fortalece mi convicción de que el Diseño Inteligente está llamado a revolucionar la ciencia y nuestra concepción del mundo". Pero esta expectativa se descompone por completo cuando en diciembre 2005 en Dover (Pensilvania) el DI sale derrotado de un juicio  conocido como  "Caso Kitzmiller contra el Distrito Escolar de Dover" (Caso No. 04cv2688)  donde se intenta evitar que el DI y el libro Of pandas and people fuesen introducidos en el curriculum de la asignatura de biología de las escuelas del distrito de Dover. El juicio concluyó con el DI siendo declarado "No científico" y "progenie del creacionismo" por el Juez John E. Jones que concluye entre otras cosas que:

  1. Por las razones que siguen, se concluye que la naturaleza religiosa de ID [diseño inteligente] sería evidente para un observador objetivo, adulto o niño. (Página 24)
  2. [...] los escritos de los principales proponentes del DI revelan que el diseñador postulado por su argumento es el Dios del cristianismo. (Página 26)
  3. La prueba en el juicio demuestra que el DI es nada menos que la progenie de creacionismo. (Página 31)
  4. La abrumadora evidencia en el juicio establecieron que el DI es un punto de vista religioso, un simple cambio de etiqueta del creacionismo, y no una teoría científica. (Página 43)
  5. [...]
  6. [...] ID no es ciencia. Encontramos que ID falla en tres niveles diferentes, cualquiera de los cuales es suficiente para excluir la determinación de que ID es ciencia. Ellos son: (1) Identificación viola las centenarias reglas básicas de la ciencia invocando y permitiendo causas sobrenaturales; (2) el argumento de la complejidad irreducible, en el centro de ID, emplea el mismo dualismo artificial defectuosa e ilógico que condenó ciencia de la creación en la década de 1980; y (3) los ataques negativos de identificación en la evolución han sido refutadas por la comunidad científica. ... Es además importante tener en cuenta que el diseño inteligente ha tenido aceptación en la comunidad científica, las publicaciones revisadas por pares no ha generado ni ha sido objeto de investigación y pruebas. Testimonio de los expertos revela que desde la revolución científica de los siglos 16 y 17, la ciencia se ha limitado a la búsqueda de las causas naturales para explicar los fenómenos naturales. (Página 64)


Bibliografía:

  1. Blanco, Daniel. 2007. Filosofía e Historia de la biología. Volumen 2, Pags 103-120: Historia y bemoles del movimiento del diseño inteligente.
  2. Collado, Santiago. 2007. Scripta theologica 39. Pags: 573-605: Análisis del diseño inteligente.
  3. Forrest, B. 2009. The Religious Essence of Intelligent Design. CSH Symposia
  4. Gilbert, Scott F. 2013. Developmental Biology. Chapter 20: Evolution and "Scientific Creacionism"
  5.  Judge Jones. 20 de Diciembre 2005. TAMMY KITZMILLER, et al. (Plaintiffs) vs. DOVER AREA SCHOOL DISTRICT, et al. (Defendants).   Case 4:04-cv-02688-JEJ Document 342. PDF

martes, 24 de febrero de 2015

"Diseño Inteligente ¿Qué es eso?" Una breve introducción

El Diseño Inteligente (a partir de ahora DI) es una propuesta "científica" que intenta dar una respuesta alternativa a la teoría Darwiniana de la selección natural como proceso para generar mecanismos biológicos complejos.
Como defiende el Discovery Institute, institución "madre" del DI: "Es la teoría que sostiene que ciertas características del universo y de los seres vivos se explican mejor por una causa inteligente, que por un proceso no dirigido como la selección natural." Es decir, que hay mecanismos biológicos o procesos y estructuras del universo que han sido diseñados por una inteligencia creadora.
Ésta definición deja lugar a muy diversas concepciones sobre esa posible inteligencia, tanto a las teorías conspiranoicas reptilianaslos raelianos incluso los pastafarianos. Aunque el Discovery Institute no lo secunda, los fundadores del DI y la mayoría de los seguidores son en esencia Cristianos y proponen, claro está, al Dios Judeo-Cristiano como esa inteligencia creadora.


Siguiendo las propias declaraciones del Discovery Institute el DI (Diseño Inteligente) no es simplemente una reacción a la teoría de la evolución sino que abarca otros campos en la ciencia como  la física, la cosmología y el origen de la vida. En  una serie de artículos que iré publicando en este blog me centraré en el campo de la evolución ya que es el que estoy afrontando para mi Trabajo Fin de Grado en Biología.

¿Que posición tiene el movimiento del DI sobre la teoría de la evolución?
Según publica el Discovery Institute: "Depende de lo que se entiende por la palabra evolución. Si simplemente significa cambio en el tiempo, o incluso que los seres vivos están relacionados por una ascendencia común, entonces no hay conflicto inherente entre la teoría de la evolución y la teoría del diseño inteligente. Sin embargo, la teoría dominante de la evolución hoy es el neodarwinismo, que sostiene que la evolución es impulsada por la selección natural actuando sobre mutaciones al azar, un proceso impredecible y sin propósito de que no tiene sentido u objetivo discernible, incluida la supervivencia de una especie. Es esta reclamación específica hecha por el neodarwinismo que la teoría del diseño inteligente desafía directamente."

¿Que pruebas aporta?
En contra del Neodarwinismo ha lanzado varias críticas con bastante repercusión en el mundo científico cuestionando el proceso de la selección natural argumentando que sistemas como el motor flagelar de las bacterias o el ojo humano son demasiado complejos como para haber evolucionado por dicho proceso. Es lo que el bioquímico Michael J. Behe denomina como "mecanismos irreductiblemente complejos" ya que si eliminamos una parte de dicho órgano, éste pierde la función para la que está "diseñado". Éste es el argumento principal del DI contra el Neodarwinismo, y se explica en un ejemplo como el siguiente:
El motor flagelar de las bacterias está compuesto de varias moléculas que interaccionan entre ellas para que el flagelo funcione, y la sola pérdida de una hace que todo el mecanismo se pare. La aparición de cada molécula no pudo ser por separado ya que la selección no tiene sustrato sobre el que actuar pues solo actuaría sobre la función y la ventaja que ésta aporte al individuo. Una pieza del flagelo por si sola no supone ni ventaja ni desventaja para la bacteria. Otra forma de que apareciese el flagelo sería todo de golpe, y la probabilidad de que aparezcan tantas proteínas con esa especificidad para interactuar entre ellas y funcionar es tan pequeña como para que hubiese tenido que ser diseñado por una inteligencia en vez de por azar.
Junto con dicho concepto arguyen también la "complejidad específica" que se suma al anterior, exponiendo que los sistemas anteriores no son solo complejos sino específicos para una función concreta.  Para entender el concepto propone en siguiente ejemplo: "Una sola letra de un alfabeto es específica sin ser compleja. Una larga frase de letras escogidas de forma aleatoria es compleja pero no específica. Un soneto de Shakespeare es complejo y específico." El matemático William A. Dembski define el concepto de información compleja específica como cualquier cosa que tenga menos de una oportunidad en 10^150 de ocurrir de forma espontánea.
Por lo tanto concluyen que los seres vivos actuales y algunos de sus mecanismos son tan complejos y específicos que las explicaciones que aporta la teoría neodarwinista como la selección natural y las mutaciones (entre otros) no son suficientes para explicarlo.

A favor del Diseño Inteligente: Actualmente no hay ningún hecho demostrado que pruebe el DI . Para encontrarlos, el matemático Dembski  en su libro The Desing Inference (1998) ha desarrollado un método de inferencia que permita discernir cuando ha actuado inteligencia sobre un objeto y cuando es consecuencia de un proceso natural sin ninguna intervención inteligente. Por ejemplo: ¿como diferenciar una roca tallada por el viento o por un ser humano en la antigüedad? Dicho sistema ha sido muy criticado de forma que actualmente no tiene ninguna acogida en la comunidad científica. Pero aún si la tuviese, o desarrollasen un método correcto para discernir entre procesos diseñados y no diseñados aún tendrían que descubrir algún proceso con dichas características en la evolución. Con lo que tras 24 años de existencia de la propuesta del DI aún no hay ninguna prueba empírica a favor de la misma.
¿Que repercusión tiene el DI en la sociedad?
Depende mucho del país, pero entre los occidentales uno de los que menos aceptación social tiene de la teoría neodarwiniana es sin duda E.E.U.U. donde la situación es alarmante, como podemos ver en la siguiente gráfica que resume los datos obtenidos por la empresa GALLUP:

¿Cual de las siguientes afirmaciones es más cercana a tu opinión sobre el origen y evolución de los seres humanos?
1) El ser humano ha evolucionado durante millones de años de formas de vida menos avanzadas, pero Dios guió este proceso.
2) El ser  humano ha evolucionado durante millones de años de formas de vida menos avanzadas y Dios no ha tomado parte en este proceso.
3) Dios creo al ser humano más o menos en su forma presente en algún momento de los últimos 10.000 años o menos.



Las respuestas se observan en la gráfica donde la respuesta 1) tiene el color verde más oscuro y la 3) el verde más claro. Valorando los resultados podemos observar un estancamiento en las opiniones sobre este tema en los últimos 32 años, con una muy ligera tendencia hacia la respuesta 2 a partir del año 2000. Es precisamente en éste país donde nació el Movimiento del DI, donde se encuentra localizado el Discovery Institute (Seattle) y donde más aceptación tiene.

En otras zonas del mundo, como Japón o Francia la situación es mucho más favorable a la teoría de la evolución como podemos comprobar en la siguiente gráfica:

Respuestas a la afirmación "Los seres humanos como los conocemos han evolucionado de especies animales anteriores"  Las posibles respuestas son "De acuerdo" ilustrado en rojo, "En desacuerdo" ilustrado en negro y "No estoy seguro" ilustrado en color gris,


Solo en un país hay un menor porcentaje de personas que están de acuerdo con la afirmación con respecto a E.E.U.U. y es Turkía. Mientras que el resto de países de la unión europea tienen una mayoría de defensores de la teoría evolutiva. De todas formas la gráfica anterior no discrimina entre los seguidores del neodarwinismo y los del diseño inteligente, cosa que si hace la gráfica elaborada por la fundación BBVA en 2002 donde se muestran además los datos de España.

¿Y que hay hoy del DI?
El Movimiento del DI nació en 1991 con la creación del Discovery Institute su institución "madre". Y hoy en día, y tras perder dos juicios en los que intentaron introducir el DI en las escuelas estadounidenses como alternativa plausible a la teoría de la evolución, el movimiento del DI sigue expandiéndose llegando incluso a Europa. Por ejemplo, a principios de 2008, se inició una gira de charlas anti-evolución por España, en las que se pretendía exponer el DI en las universidades de León y Vigo. Sin embargo al conocerse la verdadera naturaleza de las charlas, ambas universidades negaron las solicitudes.

¿Cuanto apoyo en la ciencia tiene el DI?
Son casi 900 académicos los que manifiestan que la teoría neodarwiniana no es suficiente para explicar todos los procesos evolutivos y por lo tanto debe de haber algo más como podemos ver en la siguiente Lista de disidentes de Darwin. Literalmente firman ésto:

"Somos escépticos acerca de las afirmaciones de que las mutaciones aleatorias y la selección natural puedan explicar la complejidad de la vida. Debe fomentarse un cuidadoso examen de la evidencia en favor de la teoría darwinista."

Lo cual no quiere decir que apoyen el DI, de hecho yo mismo que soy firme detractor de el DI podría firmar dicho manifiesto pues en ciencia no existen dogmas y todo puede y debe ser revisado y ampliado. Pero, ¿académicamente tiene alguna relevancia el DI? Nada más aparecer, en 1991 los promotores del DI consiguieron publicar un artículo en Nature y en Science, pero ahora ante la falta de revistas que acepten sus trabajos, han tenido que crear su propia revista.
En siguientes publicaciones plasmaré el estado actual del DI a nivel de publicaciones científicas.

¿Pero entonces como es que se siguen expandiendo?
El movimiento del DI está apoyado tanto pública como económicamente por algunas de las fundaciones religiosas más ricas y potentes como la Fundación Tempelton o el Center for Science and Culture. Además dentro de la Iglesia Católica ha habido declaraciones de figuras tan importantes como el Arzobispo de Viena quien postuló que "cualquier modo de pensamiento que niegue o busque desestimar la abrumadora evidencia en favor del diseño en biología es ideología, no ciencia". Esto les da una capacidad económica y social tal que les ha permitido generar publicidad y propaganda mucho más allá de sus logros o su validez científica, hasta el nivel de sacar "documentales" e incluso una película sobre la vida de uno de los promotores estrenada en noviembre de 2014:


Como publicaré en el próximo artículo, la lógica de la existencia, aparición y el éxito mediático y social en E.E.U.U del DI tiene una fácil explicación si seguimos su recorrido desde otros movimientos anteriores como creacionismo científico.

Hasta aquí el artículo de hoy, iré sacando más artículos al respecto, pero si os ha parecido poco os dejo un vídeo bastante interesante y entretenido sobre el tema: ¿Es ciencia el diseño inteligente?

miércoles, 14 de enero de 2015

"MUERTOS DE RISA"

Desde Sinaptograma, como espacio de expresión libre, queremos homenajear a las víctimas del atentado del pasado 7 de Enero en París y no solo a ellas, sino también a todos aquellos que día a día ponen su propia vida al servicio de la tarea de cambiar lo que no consideran justo. Creemos que las ideas pueden ser debatidas, cuestionadas, satirizadas, reinventadas... y que es esto precisamente lo que hace que el mundo evolucione, cambie y mejore. Sin embargo, lo que creemos incuestionable es el deber de respetar las vidas humanas que debaten, cuestionan, satirizan, reinventan o sostienen esas ideas. La libertad de expresión no tendría sentido sin la pluralidad, y para la adquisición de esta pluralidad de pensamiento en nuestras sociedades es imprescindible la información libre a través de todos sus mecanismos y herramientas, incluyendo la sátira, de la que hacemos uso hoy en este blog, estrenándonos con este estilo periodístico.

Así, haciendo eco de la pluralidad que defendemos, abogamos por un análisis amplio de las circunstancias que rodean el atentado evitando reduccionismos que desemboquen en el odio, acentuación de las diferencias y la perpetuación del conflicto. El radicalismo islámico usa métodos que no deberían tener cabida en la sociedad de nuestros días; métodos que son aplicados, con las mismas consecuencias de pérdidas humanas, por otros estados con fines que nos hacen creer defensivos, pero que esconden un entramado de intereses económicos y políticos que son ajenos, la mayor parte de las veces, a aquellos que son víctimas colaterales del enfrentamiento de unos pocos. Por esta razón, queremos tener presentes y hacer justicia escrita de los muertos en el conflicto sirio, de las víctimas de la secta yihadista Boko-Haram en Nigeria, del aún activo conflicto somalí, de las vidas perdidas en Irak y Afganistán, de la franja de Gaza y de cualquier otro lugar donde la imposición ideológica, ya sea moral, religiosa, política o económica, conlleve la pérdida de vidas humanas. Queremos reivindicar una nueva tendencia de la política internacional, de manejo de los conflictos armados, donde el respeto por la dignidad de la persona sea el principal movimiento estratégico y la resolución de dichos conflictos el objetivo primordial de aquellos con capacidad para ponerles freno. El odio y la violencia solo engendran una reacción de odio y violencia que aniquila cualquier posibilidad de entendimiento entre las partes. 


Esta responsabilidad, que recae directamente sobre nuestros gobernantes, es constantemente eludida en detrimento de la preocupación por otros intereses políticos que les llevan, incluso y paradójicamente, a actuar de baluarte de la libertad de expresión pese a ser gestores en sus propios países de proyectos de ley que atentan directamente contra dicha libertad en sus calles, censurar selectivamente cualquier manifestación políticamente incorrecta en redes sociales que suponga un menoscabo de su imagen pública, permitir una deriva autoritaria en las redacciones y directivas de los principales medios de información y pese a precarizar cada vez más las condiciones laborales del mundo del periodismo nacional e internacional. La historia ha de permitirnos aprender de nuestros errores para seguir escribiendo una nueva.

Los colaboradores de Sinaptograma: Álvaro, Jorge, Loreto, Álvaro.

Ilustración: Loreto Yanes.